¿Qué significa tener colesterol alto y cómo se detecta?
- 20 ago 2025
El colesterol elevado en sangre, conocido en el ámbito médico como hipercolesterolemia, es una alteración bioquímica que puede influir en la salud cardiovascular cuando no se controla adecuadamente. A pesar de no manifestarse con síntomas directos, su monitoreo regular mediante estudios de laboratorio es fundamental para comprender su impacto en el organismo y prevenir complicaciones asociadas.
En México, la hipercolesterolemia afecta a una proporción importante de la población adulta. La ENSANUT 2022 reportó una prevalencia del 18 %, aunque gran parte de los casos no están diagnosticados ni controlados eficazmente. En otros estudios, se menciona que hasta el 40% de los adultos presentan colesterol elevado. Considerando estos datos, y el hecho de que existan más de 14 millones de personas con dislipidemias, resulta evidente la relevancia de la detección oportuna y el seguimiento continuo, especialmente para reducir el riesgo cardiovascular a nivel nacional. Para comprender mejor este problema, es importante conocer qué es el colesterol y cuál es su función en el organismo.
¿Qué es el colesterol?
El colesterol es una molécula compuesta por grasa que nuestro cuerpo necesita para cumplir funciones vitales. Forma parte de las membranas celulares y participa en procesos importantes como la producción de hormonas. Se transporta a través de la circulación sanguínea hacia tejidos y órganos que lo requieren, unidos a unas partículas llamadas lipoproteínas (proteínas que tienen la función de transportar lípidos por el organismo), principalmente en dos formas:
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Lipoproteína de baja densidad (LDL), conocido como colesterol LDL o “malo”, puede acumularse en las paredes de las arterias cuando los niveles en sangre son elevados. Este exceso favorece la formación de placas de grasa mediante un proceso llamado aterosclerosis, el cual se relaciona con un mayor riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares como el infarto de miocardio o el accidente cerebrovascular.
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Lipoproteína de alta densidad (HDL), también conocida como “colesterol bueno”, tiene la función principal de retirar el exceso de colesterol de los tejidos y transportarlo de regreso al hígado para su eliminación. Este proceso contribuye a proteger la salud cardiovascular y a reducir el riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares.
Además del colesterol, existen otras grasas en la sangre como los triglicéridos. Sus niveles pueden aumentar junto con los del colesterol por factores como una dieta rica en azúcares simples o la falta de actividad física (sedentarismo). Cuando esta elevación es sostenida se asocia con un mayor riesgo de enfermedad cardiovascular, especialmente cuando coexiste con niveles bajos de HDL o altos de LDL.
¿Para qué sirve en el organismo?
El colesterol es esencial para el adecuado equilibrio del cuerpo. En condiciones fisiológicas, es decir, cuando el organismo realiza sus funciones de forma normal, participa en la formación de las membranas celulares, que actúan como una capa que recubre y protege a la célula, ayudando a que sean estables, lo que resulta fundamental para el intercambio de sustancias y la comunicación entre células.
También es necesario para producir hormonas, ya que actúa como precursor, es decir, una sustancia a partir de la cual se forman otras, entre ellas el cortisol, los estrógenos y la testosterona, todas ellas implicadas en procesos metabólicos, inmunológicos y reproductivos. Además, ayuda en la producción de ácidos biliares en el hígado, compuestos que favorecen la digestión y absorción de las grasas en el intestino delgado.
Por último, su presencia es clave en el metabolismo de vitaminas liposolubles (A, D, E y K), llamadas así porque tienen la capacidad de disolverse en grasa. Esto permite la adecuada absorción y transporte en el organismo.
Estas funciones evidencian que el colesterol no es perjudicial por sí mismo; su relevancia radica en mantenerlo dentro de los niveles fisiológicos establecidos.
¿Por qué se eleva el colesterol?
El colesterol alto, conocido como hipercolesterolemia, se produce por una combinación de factores genéticos, dietéticos y metabólicos. Desde la perspectiva fisiopatológica (es decir, estudiando cómo las enfermedades alteran el funcionamiento del cuerpo), el incremento del colesterol total y del LDL puede deberse a distintas condiciones, siendo algunas más frecuentes que otras. Entre las más comunes se encuentran:
- Resistencia a la insulina y síndrome metabólico, que pueden alterar el perfil lipídico al elevar los triglicéridos y reducir el colesterol HDL.
- Exceso en la ingesta de grasas saturadas y grasas trans, lo que estimula la producción hepática de colesterol y afecta su regulación.
- Edad avanzada y menopausia, que influyen en la producción y la eliminación del colesterol debido a cambios hormonales y metabólicos.
- Hipotiroidismo, síndrome nefrótico y/o enfermedades hepáticas, que pueden alterar la manera en que el organismo procesa las grasas.
- Hipercolesterolemia familiar, una condición hereditaria que se asocia con alteraciones en los receptores de LDL u otros defectos genéticos que afectan la eliminación del colesterol. Aunque menos frecuente que las causas mencionadas anteriormente, esta entidad tiene implicaciones clínicas importantes por su asociación con niveles muy elevados de LDL desde edades tempranas.
Desde un enfoque más amplio, el desarrollo de la hipercolesterolemia también está vinculado con procesos que regulan los niveles de colesterol en el cuerpo, como su absorción intestinal, su producción en el hígado, su transporte sanguíneo mediante las lipoproteínas y su eliminación por la bilis.
¿Qué estudio sirve para detectarlo?
La forma más precisa de evaluar el colesterol es mediante el perfil de lípidos en suero, una prueba de laboratorio que mide las siguientes fracciones:
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Colesterol total: Nivel global de colesterol en sangre.
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LDL (lipoproteína de baja densidad): Principal lipoproteína asociada al riesgo cardiovascular.
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HDL (lipoproteína de alta densidad): Asociada a efectos protectores vasculares.
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Triglicéridos: Otro tipo de lípidos cuya elevación también se considera un factor de riesgo.
La frecuencia de realización del perfil lipídico depende de la edad, antecedentes familiares y la presencia de enfermedades crónicas. En general, las guías recomiendan su evaluación periódica, pero siempre bajo indicación médica.
En algunos laboratorios se ofrecen evaluaciones clínicas que integran diversas pruebas en una sola toma de muestra, entre ellas el perfil de lípidos. Este tipo de estudios puede incluir la medición de colesterol total, HDL, LDL y triglicéridos, junto con otros análisis bioquímicos orientados a valorar el estado metabólico general. Un ejemplo sería optar por un estudio integral de laboratorio, que puede ser considerado como parte del seguimiento clínico, de acuerdo con la valoración del personal médico.
La elección de este tipo de evaluaciones debe realizarse bajo criterio médico, considerando las necesidades individuales de cada paciente.
¿Qué medidas ayudan a prevenir complicaciones?
Aunque en algunos casos el colesterol alto puede estar relacionado con factores hereditarios, hay varias acciones cotidianas que pueden ayudar a mantenerlo bajo control. Estas medidas, respaldadas por guías clínicas, no sustituyen la atención médica, pero sí contribuyen a reducir el riesgo de complicaciones a largo plazo, especialmente cuando se adoptan de forma constante y supervisada. A continuación, se presentan algunas recomendaciones generales que pueden favorecer el equilibrio del perfil lipídico:
Alimentación equilibrada
Una dieta rica en fibras solubles, como las que se encuentran en frutas (manzana, cítricos), verduras, legumbres (lentejas, frijoles) y cereales integrales (avena), puede contribuir a disminuir los niveles de colesterol LDL. También se recomienda incluir grasas saludables, como los ácidos grasos monoinsaturados y poliinsaturados, presentes en alimentos como el aceite de oliva, aguacate, nueces, semillas y pescados grasos (como el salmón o la sardina). Por otro lado, reducir el consumo de grasas saturadas, que se encuentran en carnes procesadas, productos lácteos enteros, mantequilla y alimentos ultraprocesados, puede favorecer el equilibrio del perfil lipídico.
Actividad física regular
La práctica constante de ejercicio aeróbico, como caminar, nadar o andar en bicicleta, puede favorecer el aumento del colesterol HDL (“bueno”) y reducir los niveles de triglicéridos, lo que contribuye a un mejor equilibrio del perfil lipídico. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), se recomienda realizar al menos 150 minutos de actividad física moderada por semana, distribuidos en varios días, como parte de una estrategia integral para mejorar la salud cardiovascular.
Evaluación periódica
Realizar un seguimiento regular de los niveles de colesterol es una herramienta útil para identificar cambios antes de que puedan derivar en problemas mayores, especialmente en personas con enfermedades como diabetes, hipertensión o antecedentes cardiovasculares. La frecuencia con la que se recomienda esta evaluación depende de cada caso, pero también influye la edad y el estado general de salud.
En adultos sanos, las guías internacionales, como las del CDC y el National Heart, Lung, and Blood Institute (NHLBI), recomiendan realizar un perfil de lípidos cada 4 a 6 años, como parte del seguimiento preventivo. Sin embargo, en personas con enfermedades crónicas como diabetes mellitus, hipertensión arterial, enfermedad cardiovascular previa o antecedentes de accidente cerebrovascular, el control debe ser más frecuente, de acuerdo con la indicación médica individual.
Además, a partir de los 65 años, se sugiere que la evaluación se realice anualmente, dada la mayor probabilidad de presentar dislipidemias (alteraciones en los niveles de lípidos en sangre) asociadas al envejecimiento y a otras comorbilidades. En algunos casos, también puede ser necesario complementar con estudios adicionales para evaluar el riesgo cardiovascular total.
Evitar el consumo de tabaco y moderar el alcohol
Fumar puede reducir los niveles de colesterol HDL y dañar las paredes arteriales, mientras que el consumo excesivo de alcohol se ha asociado con un aumento en los niveles de triglicéridos. Disminuir o eliminar estos hábitos puede contribuir a una mejor salud cardiovascular.
Mantener un peso corporal saludable
La reducción de peso, especialmente en personas con sobrepeso u obesidad, puede mejorar significativamente los niveles de colesterol total, LDL y triglicéridos. Incluso una pérdida del 5 al 10 % del peso corporal puede tener efectos metabólicos positivos.
Importancia del control del colesterol en la salud preventiva
Comprender sus mecanismos de regulación, factores de riesgo asociados y métodos de detección permite avanzar hacia una atención médica preventiva, basada en evidencia y centrada en la reducción de riesgos a largo plazo. Mantener estilos de vida saludables y realizar evaluaciones periódicas, bajo supervisión profesional, son componentes clave para preservar la salud cardiovascular.
Por: Dra. Gema Nandaí Nájera Valdez
Ced. Prof. 13591084
Escuela Superior de Medicina, I.P.N.
Revisado/Modificado: agosto 2025
Referencias bibliográficas:
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