¿Cómo actúan las inyecciones GLP-1 en el cerebro y el estómago?
- 28 jul 2026
La obesidad clínica es una condición en la que intervienen múltiples factores: hormonales, metabólicos y neurológicos, entre otros, lo que la convierte en un problema mucho más complejo de lo que suele pensarse. En México, cerca del 39% de la población adulta vive con esta condición, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT).
Por eso en los últimos años ha surgido un grupo de medicamentos, conocidos como medicamentos análogos del GLP-1 (o, en términos médicos, agonistas del receptor GLP-1), que actúa sobre mecanismos específicos del organismo relacionados con el apetito y la digestión.
¿Qué es el GLP-1 y de dónde proviene?
El GLP-1, o péptido similar al glucagón tipo 1, es una hormona que se produce de forma natural en el intestino cuando comemos. Forma parte de un grupo de hormonas conocidas como incretinas, encargadas de coordinar la respuesta del organismo ante la llegada de alimentos.
Una de sus funciones principales es estimular la liberación de insulina, la hormona que ayuda a que la glucosa entre a las células para ser transformada y utilizada como energía.
El GLP-1 no trabaja solo. Actúa en conjunto con otras hormonas relacionadas con el apetito, como:
- Leptina: se produce en el tejido adiposo y le indica al cerebro que el cuerpo ya tiene reservas de energía suficientes, generando la sensación de saciedad. En la obesidad es común que se desarrolle resistencia a esta hormona, por lo que, aunque haya reservas de energía adecuadas, el cerebro no recibe bien la señal y la persona sigue sintiendo hambre.
- Grelina: se produce principalmente en el estómago, sobre todo cuando está vacío, por lo que se le conoce como la "hormona del hambre": estimula el apetito y prepara al cuerpo para recibir alimento. Sus niveles suben antes de comer y bajan después, como parte del ciclo natural que regula el hambre y la saciedad.
Este equilibrio entre hormonas es clave para regular cuánto y cuándo comemos. Sin embargo, en la obesidad este balance suele alterarse, lo que tiene consecuencias que van más allá del apetito.
¿Qué ocurre en el organismo de una persona con obesidad?
La obesidad se caracteriza por un exceso de grasa corporal, y es precisamente ese exceso el que altera el equilibrio hormonal descrito antes.
El tejido adiposo produce leptina en proporción a la grasa almacenada, así que, en teoría, a mayor grasa corporal, mayor señal de saciedad debería llegar al cerebro. Sin embargo, en la obesidad suele desarrollarse un fenómeno conocido como resistencia a la leptina, aunque los niveles de esta hormona están elevados, el cerebro deja de responder adecuadamente a esa señal.
Esto genera una especie de retroalimentación fallida, en la que el cuerpo interpreta que necesita seguir comiendo a pesar de tener reservas de energía suficientes. El resultado es un apetito que se mantiene elevado y un metabolismo que favorece la acumulación de más grasa.
Es justamente sobre este tipo de mecanismos que se enfocan los medicamentos basados en GLP-1.
¿Cómo actúan estos medicamentos en el cerebro?
Estos medicamentos se unen a receptores específicos ubicados en distintas regiones del cerebro, principalmente en el hipotálamo y en el tronco encefálico, dos áreas centrales en la regulación del apetito.
Al activar estos receptores, el GLP-1 estimula un grupo de neuronas que promueven la sensación de saciedad, mientras frena la actividad de otro grupo encargado de generar hambre. Así, el organismo percibe con mayor claridad cuándo ya ha recibido suficiente energía a través de los alimentos.
¿Cómo actúan estos medicamentos en el estómago?
A nivel digestivo, estos medicamentos retrasan el vaciamiento gástrico, es decir, hacen que los alimentos permanezcan más tiempo en el estómago antes de pasar al intestino. Esto sucede porque el estómago se contrae con menos fuerza para mover su contenido, y porque cambia el funcionamiento del píloro, el músculo que regula el paso hacia el intestino delgado. El resultado es una digestión más lenta, que ayuda a prolongar la sensación de saciedad después de comer.
Este efecto prolonga la sensación de plenitud después de comer, lo cual contribuye a que la persona sienta menos necesidad de consumir alimentos con la misma frecuencia.
¿Qué otros efectos tienen en el organismo?
Además de su efecto en el cerebro y el estómago, estas sustancias también ayudan a regular la glucosa en sangre. Cuando comemos y los niveles de glucosa suben, estimulan al páncreas para que libere más insulina, la hormona que permite que la glucosa entre a las células y se use como energía. Este efecto fue la razón por la que estos medicamentos se crearon originalmente para tratar la diabetes tipo 2, y solo después se descubrió que también eran útiles para tratar la obesidad.
Sin embargo, también se han identificado efectos que requieren atención. Uno de los más relevantes es la posible pérdida de masa muscular durante el proceso de reducción de peso. Esto ocurre principalmente porque, al disminuir el apetito, algunas personas reducen su ingesta total de alimentos sin cuidar su aporte de proteína, lo que puede llevar al organismo a utilizar tejido muscular como fuente de energía.
Por esta razón, el seguimiento nutricional y la actividad física suelen considerarse parte importante del acompañamiento durante este tipo de tratamientos.
¿Qué estudios o valoraciones médicas suelen acompañar su uso?
Los médicos que llevan el control del tratamiento pueden solicitar distintos estudios a lo largo del proceso, con el fin de conocer cómo está respondiendo el organismo y anticipar posibles ajustes.
Entre los más frecuentes están la glucosa en ayuno y la hemoglobina glucosilada (HbA1c), que permiten ver la evolución del control de glucosa en sangre, y el perfil de lípidos, útil para observar cambios en colesterol y triglicéridos.
También suele revisarse la función renal y hepática, para confirmar que ambos órganos están tolerando bien el medicamento, así como el porcentaje de grasa corporal y masa muscular, y la circunferencia abdominal, como medidas objetivas del avance del tratamiento.
A esto se suma la valoración del estado nutricional, que ayuda a identificar si existen signos de deficiencia de vitaminas o minerales, algo relevante en pacientes que, al reducir significativamente su apetito, podrían no cubrir todos sus requerimientos nutricionales.
La frecuencia con la que se solicitan estos estudios, así como su interpretación, corresponden exclusivamente al criterio del profesional de la salud a cargo de cada caso.
Una evaluación individual, siempre necesaria
El uso de los medicamentos basados en GLP-1 forma parte de un proceso que suele acompañarse de valoración y seguimiento médico, dado que su efecto involucra distintos sistemas del organismo: cerebral, digestivo y metabólico.
El seguimiento médico forma parte indispensable del tratamiento, es lo que permite ir observando cómo responde el organismo, ya sea en la glucosa, la función renal o la masa muscular, y acompañar ese proceso con la información necesaria en cada etapa.
Por: Dra. Gema Nandaí Nájera Valdez
Ced. Prof. 13591084
Escuela Superior de Medicina, I.P.N.
Revisado/Modificado: julio 2026
Referencias bibliográficas
- World Health Organization. (2025, 1 de diciembre). WHO issues global guideline on the use of GLP-1 medicines in treating obesity [Comunicado de prensa]. https://www.who.int/news/item/01-12-2025-who-issues-global-guideline-on-the-use-of-glp-1-medicines-in-treating-obesity
- ScienceDirect / American Journal of Medicine. (2025). Título del artículo [verificar título exacto antes de publicar]. https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0002934325000592
- PMC / National Institutes of Health. (s.f.). Emerging role of GLP-1 agonists in obesity. PubMed Central. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC10341852/
- Perreault, L., & Reid, T. J. (2026). Obesity in adults: Drug therapy. En R. F. Connor (Ed.), UpToDate. Wolters Kluwer. Consultado en
https://www.uptodate.com/contents/obesity-in-adults-drug-therapy