¿Cómo funcionan las vacunas? | Lo que pasa en tu sistema inmunológico
- 23 feb 2026
Desde hace más de dos siglos, las vacunas han cambiado la historia de la salud pública, permitiendo prevenir enfermedades que antes causaban millones de muertes en el mundo.
Pero, ¿cómo funcionan realmente las vacunas en el cuerpo humano? Lejos de ser un “simple” escudo, actúan estimulando el sistema inmunológico para enseñarle a reconocer y atacar microorganismos sin causar enfermedad.
En este artículo te explicamos qué son las vacunas, cómo actúan en tu cuerpo, qué tipos existen y por qué son una de las herramientas más importantes para la prevención de enfermedades.
¿Qué son las vacunas y para qué sirven?
Las vacunas son productos biológicos que contienen antígenos capaces de estimular una respuesta protectora del sistema inmunológico contra microorganismos específicos. Su objetivo es preparar al cuerpo para reconocer y defenderse frente a ciertos virus o bacterias antes de que causen enfermedad.
En términos sencillos, funcionan como un entrenamiento: le muestran al sistema inmunológico una versión segura del microorganismo, ya sea una parte de él, una forma inactiva o atenuada, para que aprenda a identificarlo. Así, si en el futuro el cuerpo entra en contacto con el agente real, la respuesta será más rápida y eficaz, disminuyendo el riesgo de complicaciones.
¿Cómo funcionan las vacunas en el cuerpo humano?
Las vacunas funcionan como una primera exposición controlada para el sistema inmunológico. Al introducir una versión segura del microorganismo o una parte de él, permiten que las células del sistema inmunológico lo reconozcan sin que la persona desarrolle la enfermedad.
En otras palabras, no evitan el contacto con virus o bacterias, sino que ayudan al sistema inmunológico a responder de forma más rápida y eficaz cuando el organismo vuelve a exponerse a ellos.
¿Qué pasa en tu sistema inmunológico cuando te vacunas?
El sistema inmunológico está formado por una red compleja de células y moléculas que trabajan coordinadamente para defender al organismo. Entre ellas se encuentran las células presentadoras de antígeno, los linfocitos T, los linfocitos B y otras sustancias que permiten activar y regular la respuesta inmune.
Cuando se aplica una vacuna, las células presentadoras de antígeno identifican los componentes del microorganismo (antígenos) y “capturan” esa información. Posteriormente, la presentan a los linfocitos T cooperadores, que actúan como coordinadores de la respuesta inmunológica.
A partir de esta interacción, se activan distintas células del sistema inmunológico:
- Macrófagos: células encargadas de fagocitar microorganismos, es decir, de rodearlos, “ingerirlos” y destruirlos para eliminarlos del organismo.
- Linfocitos B: células encargadas de la producción de anticuerpos.
- Linfocitos T citotóxicos: células encargadas de reconocer y destruir células infectadas
Este proceso ocurre sin que se desarrolle la enfermedad, pero permite que el sistema inmunológico se active y quede preparado para responder con mayor eficacia ante una exposición futura.
Entre todas estas células, hay un elemento clave en la defensa del organismo: los anticuerpos, proteínas especializadas que permiten identificar y neutralizar de forma específica a los microorganismos.
¿Qué son los anticuerpos y qué papel cumplen?
Las inmunoglobulinas, mejor conocidas como anticuerpos, son proteínas producidas por los linfocitos B cuya función es reconocer y unirse de manera específica a componentes de virus o bacterias para neutralizarlos o facilitar su eliminación.
Existen distintos tipos de anticuerpos, pero en la respuesta inicial a una vacuna destacan principalmente dos:
- Anticuerpo tipo IgM: se consideran la primera línea de defensa. Son los primeros en producirse tras la exposición al antígeno y ayudan a “marcar” al microorganismo para que otras células del sistema inmunológico, como los macrófagos, lo identifiquen y eliminen.
- Anticuerpo tipo IgG: aparecen generalmente después de una o dos semanas. Son más específicos y duraderos, y están directamente relacionados con la memoria inmunológica, lo que permite que el organismo responda con mayor rapidez ante una exposición futura.
En conjunto, estas respuestas permiten que el organismo desarrolle protección frente a enfermedades específicas. Sin embargo, no todas las vacunas logran este efecto de la misma manera, ya que existen diferentes tecnologías diseñadas para estimular al sistema inmunológico.
¿Qué tipos de vacunas existen y en qué se diferencian?
Las vacunas pueden clasificarse de distintas maneras. Algunas se agrupan según el tipo de microorganismo contra el que protegen (virus o bacterias), otras según la tecnología utilizada para desarrollarlas, y también según la naturaleza del componente que contienen.
En términos generales, las vacunas pueden estar formadas por microorganismos atenuados o inactivados, por fragmentos específicos como proteínas o subunidades, o por tecnologías más recientes como el ARN mensajero o los vectores virales. Cada una estimula al sistema inmunológico de manera diferente, pero todas buscan generar protección segura y eficaz.
¿Qué son las vacunas atenuadas?
Las vacunas atenuadas se elaboran a partir de microorganismos vivos que han sido debilitados en laboratorio para que pierdan su capacidad de causar enfermedad, pero conserven la capacidad de estimular al sistema inmunológico.
Debido a que pueden replicarse de forma limitada en el huésped, generan una respuesta inmunológica fuerte y duradera, muy similar a la que produciría una infección natural, pero sin provocar la enfermedad en personas sanas. En muchos casos, una o pocas dosis son suficientes para alcanzar una protección prolongada.
Sin embargo, al tratarse de microorganismos vivos atenuados, pueden verse afectadas por la presencia de anticuerpos circulantes, como los anticuerpos maternos en recién nacidos, lo que puede disminuir temporalmente su eficacia. Por esta razón, generalmente no se recomiendan en personas con el sistema inmunológico gravemente comprometido ni durante el embarazo, salvo indicación médica específica. Ejemplos de este tipo incluyen algunas vacunas contra sarampión, rubéola o varicela.
¿Qué son las vacunas inactivadas?
Las vacunas inactivadas se elaboran a partir de microorganismos que han sido inactivados mediante métodos físicos o químicos, lo que significa que ya no pueden replicarse ni causar enfermedad.
Al no contener microorganismos vivos, no se multiplican dentro del organismo y, por lo tanto, no pueden generar infección. La respuesta inmunológica que producen suele ser menos intensa en comparación con las vacunas atenuadas. Por este motivo, generalmente requieren varias dosis o refuerzos para mantener la protección en el tiempo.
Estas vacunas estimulan principalmente la producción de anticuerpos (inmunidad humoral), suelen administrarse por vía parenteral y tienden a ser más estables en su almacenamiento y fabricación, como ocurre con algunas vacunas contra la influenza o la hepatitis A.
¿Qué son las vacunas basadas en componentes específicos o en material genético?
Además de las vacunas atenuadas e inactivadas, existen tecnologías que no utilizan el microorganismo completo, sino partes específicas de este o instrucciones genéticas para producirlas dentro del organismo.
- Vacunas de subunidades o proteínas, que contienen fragmentos purificados del microorganismo, como proteínas específicas, suficientes para activar al sistema inmunológico sin incluir el virus o bacteria completos. Debido a que solo presentan una parte del agente infeccioso, suelen requerir refuerzos para mantener la protección.
- Vacunas de ARN mensajero (ARNm), que proporcionan instrucciones temporales para que las células produzcan una proteína del virus. Esa proteína no puede causar la enfermedad, pero sí permite que el sistema inmunológico la reconozca y genere una respuesta defensiva. El ARN mensajero se degrada rápidamente y no se integra al ADN, como ocurre con algunas vacunas desarrolladas contra COVID-19.
- Vacunas de vector viral, que utilizan un virus modificado como vehículo para transportar información genética del microorganismo objetivo. Este vector introduce las instrucciones necesarias para que el organismo produzca una proteína específica y active la respuesta inmunológica.
¿Cuánto dura la protección de las vacunas y por qué son importantes?
La duración de la protección que ofrecen las vacunas depende del tipo de tecnología utilizada y de la respuesta del sistema inmunológico. Algunas generan inmunidad prolongada con una o pocas dosis, mientras que otras requieren refuerzos para mantener niveles adecuados de anticuerpos en el tiempo.
No todas las vacunas proporcionan inmunidad de por vida. En algunos casos, la protección puede disminuir con los años, lo que hace necesario aplicar dosis adicionales para reforzar la memoria inmunológica.
Las vacunas protegen frente a diversas enfermedades causadas por virus y bacterias, como sarampión, influenza, hepatitis o VPH. Más allá de la protección individual, también contribuyen a reducir la transmisión en la comunidad y a prevenir complicaciones graves. Por ello, la vacunación es una de las estrategias más efectivas de salud pública para prevenir enfermedades infecciosas y proteger a la población.
Entender este impacto en la salud individual y colectiva también permite dimensionar la importancia de conocer cómo actúan en el organismo.
Comprender cómo funcionan las vacunas es clave para la prevención
Conocer el funcionamiento de las vacunas permite entender la manera en que el sistema inmunológico genera protección frente a diversas enfermedades. En algunos casos, es posible evaluar la presencia de anticuerpos mediante estudios de laboratorio que miden la respuesta inmunológica frente a enfermedades prevenibles por vacunación, como las pruebas de detección de anticuerpos contra sarampión.
Si tienes dudas sobre tu estado inmunológico, consultar con un profesional de la salud puede orientarte sobre cuándo realizar estas pruebas y cómo interpretar sus resultados.
Por: Dra. Gema Nandaí Nájera Valdez
Ced. Prof. 13591084
Escuela Superior de Medicina, I.P.N.
Elaborado: febrero 2026
Referencias bibliográficas
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