Factores biológicos que intervienen en la depresión
- 2 dic 2025
La depresión es un trastorno de salud mental reconocido por organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud (OMS). Aunque suele relacionarse únicamente con emociones, la medicina ha demostrado que se trata de una condición compleja en la que intervienen diversos procesos del organismo.
Según la OMS la depresión implica cambios en la actividad del cerebro y en sustancias químicas importantes para el equilibrio emocional. Esto significa que no solo se relaciona con experiencias de la vida cotidiana, sino también con funciones biológicas que influyen en cómo una persona regula sus emociones.
El papel de los neurotransmisores en el bienestar emocional
El cerebro funciona gracias a la comunicación constante entre millones de neuronas. Para lograrlo, utiliza sustancias llamadas neurotransmisores, que actúan como “mensajeros” entre las células nerviosas. Algunos de ellos participan de manera especial en la regulación del estado de ánimo.
- Serotonina: influye en la estabilidad emocional, el sueño y el apetito.
- Dopamina: participa en la motivación y en la capacidad de sentir satisfacción.
- Noradrenalina: contribuye a regular la energía y la respuesta al estrés.
Cuando existe un desequilibrio en estas sustancias, ciertas áreas del cerebro pueden funcionar de manera diferente, lo que se ha relacionado con la presencia de depresión. No significa que la depresión se reduzca únicamente a “falta de serotonina”, sino que los neurotransmisores forman parte de un sistema mucho más amplio y complejo.
La genética en la depresión
La genética puede influir en la manera en que el organismo responde a situaciones estresantes o la regulación de neurotransmisores. Algunas personas pueden tener una mayor predisposición debido a la herencia familiar. Ciertos genes relacionados con la función cerebral pueden hacer que algunas personas sean más sensibles a factores ambientales o a cambios en el entorno.
Sin embargo, tener una predisposición genética no significa que la depresión aparecerá necesariamente. La genética es solo uno de los elementos involucrados. Factores sociales, ambientales, emocionales y de salud física también participan de forma importante.
Las hormonas y su efecto en el estado de ánimo
Las hormonas son sustancias que participan en muchas funciones del cuerpo, y entre ellas también se encuentra la regulación emocional. Su equilibrio es importante para que el organismo funcione de manera adecuada. Una de las hormonas más estudiadas en este ámbito es el cortisol, conocido por su relación con la respuesta al estrés. Cuando el cuerpo mantiene niveles elevados de cortisol durante periodos prolongados, pueden presentarse cambios en áreas del cerebro que intervienen en la memoria y en la capacidad para equilibrar las emociones.
A lo largo de la vida, el cuerpo atraviesa etapas en las que ocurren variaciones hormonales naturales. Entre las más conocidas se encuentran:
- El posparto, momento en el que el cuerpo se adapta después del embarazo.
- La perimenopausia y menopausia, etapa en la que disminuyen ciertas hormonas que acompañaron al organismo durante muchos años.
- La transición de la infancia a la adolescencia, un periodo en el que se desarrollan los caracteres sexuales secundarios y en el que las hormonas aumentan de forma natural para acompañar el crecimiento.
Estos cambios pueden relacionarse con variaciones en el estado de ánimo. No significa que siempre provoquen dificultades emocionales, pero sí que forman parte de un proceso fisiológico que la medicina estudia para comprender mejor cómo influyen en el bienestar.
Además, algunas condiciones de salud como los trastornos de la glándula tiroides, especialmente el hipotiroidismo, pueden modificar la energía del cuerpo y la forma en que el cerebro procesa la información. Estos aspectos ayudan a entender por qué las hormonas y el estado emocional están conectados de una manera tan estrecha y por qué su estudio es importante para comprender la depresión desde una perspectiva biológica.
El sistema inmunológico y las emociones
El sistema inmunológico es el encargado de proteger al organismo frente a infecciones y otros agentes que pueden resultar dañinos. Sin embargo, en los últimos años la medicina ha descubierto algo especialmente interesante: este sistema, además de cuidar de la salud física, también puede tener un impacto en el bienestar emocional.
Cuando el cuerpo enfrenta inflamación durante un tiempo prolongado, por ejemplo, a causa de una enfermedad crónica o de procesos inflamatorios persistentes, libera unas moléculas llamadas citocinas. Estas sustancias viajan por el organismo y, en algunos casos, pueden llegar hasta el cerebro. Allí pueden influir en la forma en que las neuronas se comunican entre sí.
Según estudios médicos, niveles elevados de citocinas pueden relacionarse con cambios en la motivación, en la energía y en la capacidad de experimentar bienestar. Al estudio entre la inflamación del cuerpo y ciertos procesos cerebrales se le conoce como neuroinflamación.
Este concepto ha adquirido relevancia porque muestra que la salud física y la emocional no son dos mundos separados, por el contrario, están profundamente conectados. Comprender esta relación permite mirar la depresión desde una perspectiva más amplia y compasiva, reconociendo que el organismo en su conjunto puede influir en cómo se sienten las personas.
El metabolismo y su impacto en el bienestar emocional
El metabolismo es el conjunto de procesos que permiten al cuerpo obtener la energía que necesita para funcionar cada día. Esa energía es importante para los músculos o los órganos y para el cerebro, este último la utiliza para pensar, concentrarse, regular las emociones y mantener su actividad de manera adecuada.
Cuando ocurre alguna alteración en el metabolismo, el organismo puede tener más dificultad para producir o aprovechar esa energía. Esto puede influir en la manera en que el cerebro trabaja y, en consecuencia, en cómo una persona se siente emocionalmente.
Algunas condiciones metabólicas que la investigación ha estudiado en relación con la depresión son:
- Resistencia a la insulina: puede alterar la forma en que el cerebro utiliza la glucosa, que es una de sus principales fuentes de energía.
- Alteraciones de la glándula tiroides: pueden cambiar el ritmo general del cuerpo y afectar procesos relacionados con la vitalidad y la claridad mental.
- Deficiencia de hierro: puede disminuir la cantidad de oxígeno que llega a los tejidos, incluido el cerebro, lo que influye en su funcionamiento.
Estas condiciones no generan depresión por sí mismas, pero pueden influir en el equilibrio emocional cuando modifican el funcionamiento habitual del organismo. Es útil entender que algunas enfermedades producen efectos por sí mismas (lo que la medicina llama enfermedades primarias), mientras que otras pueden provocar cambios que aparecen como consecuencia de una condición ya existente, conocidas como secundarias.
En el caso de alteraciones como los problemas tiroideos o la deficiencia de hierro, el cuerpo puede tener menos energía disponible o recibir menos oxígeno del que necesita. Cuando esto ocurre, el cerebro también recibe menos recursos para trabajar de forma óptima. Esta situación puede repercutir en áreas relacionadas con el bienestar emocional.
Por eso, en estos casos se considera que los cambios en el estado emocional pueden ser una consecuencia de estas condiciones físicas, no un trastorno independiente. Esto ayuda a comprender que el organismo funciona como un sistema integrado: lo que ocurre en el cuerpo puede reflejarse también en la manera en que la persona se siente.
En síntesis, la salud física y la salud emocional están estrechamente conectadas. Cuidar del cuerpo contribuye al equilibrio de la mente.
¿Cómo los estudios médicos pueden contribuir a entender la depresión?
La depresión se analiza tomando en cuenta todos los aspectos que pueden influir en la salud emocional. Esto incluye la posibilidad de que exista alguna condición física que esté afectando al organismo.
Por ello, los profesionales de la salud pueden solicitar análisis de laboratorio o estudios de gabinete. Estos estudios no sirven para diagnosticar la depresión de manera directa, pero sí permiten revisar cómo está funcionando el cuerpo y saber si algún proceso biológico podría estar relacionado con los cambios emocionales.
1. Evaluaciones neuropsicológicas
Estas pruebas analizan aspectos como la memoria, la atención y la organización de la información. Ayudan a comprender cómo están funcionando las diferentes áreas del cerebro vinculadas con el bienestar emocional.
2. Análisis de laboratorio
Estos estudios permiten a los médicos revisar parámetros importantes para la salud general:
- Hierro sérico
- Perfil tiroideo.
- Glucosa en ayuno u otras pruebas relacionadas con el metabolismo.
La interpretación de estos valores permite entender si existen condiciones que podrían influir en la energía, la función cerebral o el equilibrio hormonal.
3. Estudios de imagen
La resonancia magnética cerebral puede emplearse para observar estructuras y actividad en regiones del cerebro relacionadas con la regulación emocional. Estos estudios son útiles principalmente para fines de investigación o para descartar otras alteraciones neurológicas cuando así se requiere.
Hablar de salud mental con información y empatía
La depresión es un trastorno que se origina por la combinación de diversos factores biológicos, emocionales y sociales, intervienen procesos del cerebro, de las hormonas, del metabolismo, de la genética y del sistema inmunológico, es una condición de salud compleja y completamente válida, que merece comprensión y acompañamiento.
La ciencia continúa avanzando para entender mejor cómo funcionan estos procesos y cómo influyen en el bienestar emocional. Gracias a estas investigaciones, es posible conocer más sobre la depresión y construir una visión más humana y respetuosa de quienes la experimentan.
Contar con información clara, basada en evidencia y libre de estigmas es fundamental para crear entornos en los que las personas se sientan escuchadas, apoyadas y tratadas con dignidad. Hablar de salud mental con empatía y respeto ayuda a mejorar la comprensión colectiva y abre espacio para el diálogo y la solidaridad, aspectos esenciales en el camino hacia un mayor bienestar.
Por: Dra. Gema Nandaí Nájera Valdez
Ced. Prof. 13591084
Escuela Superior de Medicina, I.P.N.
Revisado/Modificado: diciembre 2025
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