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Helicobacter pylori y cáncer de estómago ¿que debes saber?

Visualización 3D de Helicobacter pylori en la pared del estómago, asociada a cáncer gástrico.

Helicobacter pylori es una bacteria con forma en espiral capaz de sobrevivir en el ambiente ácido del estómago humano. Su descubrimiento se remonta a 1982, cuando los doctores Barry Marshall y Robin Warren identificaron su presencia en pacientes con gastritis y úlceras pépticas, hallazgo que revolucionó la comprensión de las enfermedades gástricas y les valió el Premio Nobel de Medicina en 2005.

Desde entonces, su relación con diversas afecciones del sistema digestivo ha sido ampliamente documentada: gastritis crónica, úlceras pépticas, linfomas tipo MALT y cáncer gástrico.

Este último es especialmente relevante. De acuerdo con la Organización Panamericana de la Salud, el cáncer de estómago causa más de un millón de defunciones anuales a nivel mundial, y en el 90% de los casos se ha identificado una infección previa por H. pylori. Por esa razón, desde 1994 la Organización Mundial de la Salud la clasifica como un agente cancerígeno con evidencia suficiente de su papel en el desarrollo de cáncer en humanos.

¿Cómo actúa Helicobacter pylori en el estómago?

El estómago es un ambiente extremadamente ácido, hostil para la mayoría de los microorganismos. Sin embargo, H. pylori ha desarrollado mecanismos que le permiten no solo sobrevivir en él, sino establecerse y multiplicarse.

La bacteria produce una enzima llamada ureasa, que descompone la urea presente en el estómago y genera sustancias que reducen la acidez a su alrededor. Esto crea un microambiente más favorable para su supervivencia. Al mismo tiempo, se adhiere a las células que recubren las paredes del estómago y libera otros compuestos que desencadenan una respuesta inflamatoria.

El problema es que esa inflamación no desaparece sola. Si la infección persiste sin ser detectada ni tratada, el daño acumulado en la mucosa gástrica puede volverse crónico y, con el tiempo, favorecer el desarrollo de complicaciones más graves.

La relación entre Helicobacter pylori y el cáncer de estómago

Se estima que entre el 40 y el 60% de la población mundial ha presentado o presenta una infección por H. pylori. La prevalencia es más alta en países en desarrollo y la infección suele adquirirse durante la infancia, donde puede persistir durante décadas sin ser detectada.

La relación entre esta bacteria y el cáncer de estómago no es inmediata ni igual en todas las personas infectadas. Existen múltiples factores que influyen en si la infección progresa hacia una enfermedad más grave, entre ellos las características propias de la bacteria y las condiciones individuales de cada persona.

¿Por qué algunas cepas de Helicobacter pylori son más dañinas que otras?

Además de su capacidad para adherirse a las células del estómago, H. pylori cuenta con dos factores que pueden incrementar el daño que genera:

  • Gen CagA: permite que la bacteria interfiera con el funcionamiento normal de las células del estómago y promueva una inflamación sostenida. Las cepas que tienen este gen se asocian con mayor riesgo de úlceras y cáncer gástrico.
  • Toxina VacA: daña directamente las células que recubren el estómago y debilita la respuesta del sistema inmune en esa zona, lo que facilita que la bacteria permanezca más tiempo sin ser eliminada.

Factores que pueden influir en la evolución de la infección

Aunque H. pylori no penetra los tejidos directamente, la inflamación que provoca puede acumularse con el tiempo y favorecer cambios en la mucosa gástrica. Además de las características de la bacteria, hay factores propios de cada persona que pueden influir en cómo evoluciona la infección:

  • Condiciones de vida en la infancia: el hacinamiento, la falta de agua potable, el saneamiento deficiente y el consumo frecuente de alimentos muy salados se asocian con mayor riesgo de infección persistente desde edades tempranas.
  • Antecedentes familiares: tener familiares cercanos con infección por H. pylori incrementa la probabilidad de haberla adquirido durante la infancia.
  • Susceptibilidad genética: aunque aún no hay un consenso claro sobre qué genes influyen directamente, se han identificado variantes genéticas potencialmente patogénicas en genes como APC, ATM, BRCA1 y BRCA2, que podrían estar relacionados con una mayor vulnerabilidad al daño celular provocado por la infección.
  • Respuesta del sistema inmune: cuando la inflamación provocada por la infección persiste durante mucho tiempo, puede favorecer el desarrollo de lesiones en el estómago que, sin atención, pueden evolucionar.
  • Producción de anticuerpos: el organismo produce anticuerpos en respuesta a la infección, lo que indica que el sistema inmune se mantiene activo frente a la bacteria de forma prolongada.

¿Cómo se detecta la infección por Helicobacter pylori?

El diagnóstico se basa en demostrar la presencia de la bacteria en el organismo. Existen estudios no invasivos e invasivos que el médico selecciona según las características de cada paciente.

Pruebas no invasivas

  • Prueba de aliento: el paciente ingiere una solución con urea marcada. Si H. pylori está presente en el estómago, la descompone y libera un gas que se detecta en el aliento. Es una prueba precisa, con una sensibilidad y especificidad de aproximadamente 95%.
  • Prueba de antígeno en heces: detecta proteínas específicas de H. pylori en una muestra de heces. Permite identificar una infección activa y es especialmente útil para verificar que la bacteria fue eliminada tras el tratamiento.
  • Pruebas serológicas: Estas pruebas detectan anticuerpos (IgM, IgG o IgA) contra H. pylori en la sangre. Sin embargo, no distinguen entre una infección activa y una pasada, por lo que no se recomienda como prueba de primera elección en el diagnóstico inicial.

Pruebas invasivas

La principal prueba invasiva es la endoscopia del tubo digestivo alto, que permite observar directamente la mucosa gástrica y tomar muestras para estudios complementarios:

  • Biopsia para estudio histopatológico: analiza el tejido del estómago al microscopio para detectar signos de inflamación, daño crónico o la presencia directa de la bacteria.
  • Prueba rápida de ureasa: se aplica sobre la muestra de tejido y detecta la actividad de la ureasa. Si la bacteria está presente, el medio cambia de color en pocas horas.
  • Cultivo bacteriano: permite confirmar la infección y evaluar si la bacteria es resistente a ciertos antibióticos. Su uso es limitado por los requerimientos técnicos que implica.

Diagnóstico y seguimiento de la infección por Helicobacter pylori

Muchas personas conviven con H. pylori sin saberlo, precisamente porque la infección no siempre genera síntomas. Por eso, cuando existe una sospecha médica, realizar las pruebas adecuadas marca una diferencia real. El médico tratante es quien evalúa cada caso y orienta el seguimiento más adecuado.

Si ya se cuenta con indicación médica, en la página web o la App Chopo es posible consultar los estudios disponibles y encontrar la sucursal más cercana.

 

Por: Dra. Gema Nandaí Nájera Valdez

Ced. Prof. 13591084

Escuela Superior de Medicina, I.P.N.

Revisado/Modificado: junio 2026

Referencias bibliográficas

  1. Organización Panamericana de la Salud. (2021). Erradicar la infección por Helicobacter pylori es todo un reto local y mundial. https://www.paho.org/es/noticias/8-3-2021-erradicar-infeccion-por-helicobacter-pylori-es-todo-reto-local-mundial
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