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Importancia de la salud visual

Persona con bata blanca sostiene un modelo anatómico de un ojo humano y señala con un bolígrafo una de sus partes frontales.

La salud visual representa un componente fundamental del bienestar general. Aunque muchas condiciones oculares pueden pasar desapercibidas en sus etapas iniciales, su detección oportuna puede ser clave para evitar complicaciones a largo plazo. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), al menos 2.200 millones de personas en el mundo viven con algún grado de discapacidad visual o ceguera. De estas, al menos mil millones  presentan problemas de pérdida visual que podrían haberse prevenido o que aún no han sido tratadas adecuadamente.

En este contexto, comprender la función visual, sus cambios asociados al envejecimiento, los factores que pueden comprometerla y los estudios que permiten su evaluación resulta esencial para adoptar medidas preventivas que contribuyan a preservar la calidad de vida.

¿Qué se entiende por función visual?

La función visual es la capacidad del sistema ocular y del sistema nervioso central para captar, transmitir y procesar la información proveniente del entorno a través de la vista. Se trata de un proceso complejo que integra múltiples estructuras y funciones especializadas.

Este proceso inicia cuando la luz atraviesa las estructuras transparentes del ojo (córnea, humor acuoso, cristalino y humor vítreo), hasta llegar a la retina, donde las células fotorreceptoras (células especializadas de la retina)  transforman la señal luminosa en impulsos eléctricos. Posteriormente, estos impulsos viajan a través del nervio óptico hasta la corteza visual del cerebro, donde finalmente son interpretados como imágenes con formas, color, movimiento y profundidad.

Gracias a este sistema altamente especializado, podemos percibir y relacionarnos con nuestro entorno. Por ello, el adecuado funcionamiento de todos sus componentes es indispensable para mantener una visión eficiente. Alteraciones en cualquiera de sus estructuras, desde la córnea hasta el nervio óptico o la corteza visual, pueden comprometer la calidad visual, y en consecuencia la calidad de vida.

Cambios y cuidados en la visión según la edad

A lo largo de la vida, la función visual experimenta modificaciones fisiológicas. A partir de los 40 años, es común la aparición de presbicia, una condición caracterizada por la disminución de la capacidad para enfocar objetos cercanos, debido a la pérdida de elasticidad del cristalino. Este cambio forma parte del proceso natural de envejecimiento ocular.

En adultos mayores, pueden desarrollarse otras afecciones oculares de mayor complejidad:

  • Catarata senil: es cuando el cristalino del ojo (una estructura transparente que permite enfocar la luz) se vuelve opaco con el paso de los años, lo que puede causar visión borrosa o dificultad para ver con claridad. Aunque suele avanzar de forma lenta, en etapas más avanzadas puede interferir significativamente con las actividades diarias, pero puede corregirse mediante cirugía cuando es necesario.

  • Degeneración macular relacionada con la edad (DMRE): la mácula es una parte de la retina responsable de la visión central y detallada, esencial para actividades como leer, reconocer rostros o ver con precisión. Con el paso del tiempo, esta zona puede deteriorarse, causando una condición conocida como degeneración macular relacionada con la edad. En sus fases iniciales, puede no generar síntomas evidentes, pero conforme avanza, puede aparecer una mancha borrosa en el centro del campo visual o una distorsión de las líneas rectas. La visión periférica generalmente no se ve afectada, pero la pérdida de visión central puede impactar la calidad de vida de forma considerable.

  • Glaucoma: es una enfermedad que daña el nervio óptico, muchas veces por aumento de la presión en el ojo. Puede causar pérdida de visión periférica. Una de las características más complejas del glaucoma es que, en sus etapas iniciales, no suele causar molestias ni cambios notorios en la visión. Por ello, muchas personas no se dan cuenta de que lo tienen hasta que la enfermedad ya ha avanzado. Si no se detecta ni se controla a tiempo, puede provocar pérdida visual irreversible e incluso ceguera.

Estas condiciones no siempre presentan síntomas en etapas tempranas, por lo que el seguimiento oftalmológico periódico es relevante para su detección temprana.

Es importante realizar evaluaciones oftalmológicas completas cada 1 a 2 años o a partir de que el médico lo señale, incluso en ausencia de síntomas visuales, con el fin de identificar cambios estructurales o funcionales asociados al envejecimiento ocular.

Factores de riesgo que perjudican la visión

Algunas enfermedades que afectan al organismo de forma general también pueden impactar la salud visual, de las más relevantes son:

  • Diabetes mellitus: en personas con diabetes, puede desarrollarse una condición llamada retinopatía diabética, que afecta los vasos sanguíneos de la retina. Este daño puede avanzar sin causar molestias al inicio, pero si no se detecta a tiempo, puede derivar en pérdida visual irreversible. 

  • Hipertensión: en este caso puede presentarse retinopatía hipertensiva, que altera la circulación en la retina y, si no se controla adecuadamente, puede afectar la visión. 

  • Tabaquismo: el consumo de tabaco se ha relacionado con varios problemas visuales, ya que puede afectar directamente las estructuras del ojo. Puede favorecer la formación de cataratas al opacar el cristalino, dañar la mácula (responsable de la visión central) y aumentar la presión dentro del ojo, lo que eleva el riesgo de glaucoma.

  • Exposición prolongada a radiación ultravioleta (UV): sin la protección adecuada, la exposición continua a la luz solar puede dañar diferentes partes del ojo. La radiación UV contribuye a deteriorar el cristalino y favorecer su opacidad, lo que puede acelerar la aparición de cataratas. También puede afectar la córnea y la retina, aumentando el riesgo de otras afecciones oculares a largo plazo. 

  • Uso prolongado de dispositivos digitales sin pausas adecuadas: Este hábito puede contribuir al desarrollo del síndrome de visión por computadora, caracterizado por fatiga ocular y visión borrosa transitoria.

  • Antecedentes familiares de enfermedades oculares: Algunas condiciones como el glaucoma o la DMRE presentan componentes genéticos, por lo que su monitoreo debe ser más estricto en personas con antecedentes familiares.

¿Cómo se detectan las alteraciones visuales?

La evaluación de la salud visual se realiza a través de procedimientos clínicos especializados que el personal oftalmológico aplica durante la consulta. Estos estudios permiten identificar alteraciones estructurales o funcionales del sistema visual, incluso en etapas tempranas de la enfermedad. Algunos de los más comunes incluyen:

  • Agudeza visual: es una prueba estandarizada que mide qué tan bien puede el ojo distinguir detalles a diferentes distancias. Se realiza comúnmente con optotipos[2] , que son láminas o dispositivos que muestran filas de letras, números o símbolos (como la conocida tabla de Snellen). Estos elementos varían en tamaño, y la persona debe identificarlos desde una distancia específica. El resultado permite saber si la visión es clara o si existen errores de refracción, como miopía o hipermetropía.

  • Fondo de ojo o exploración de retina: Permite visualizar el estado de la retina, el nervio óptico y la vascularización retiniana. Es especialmente útil en pacientes con diabetes o hipertensión.

  • Tonometría ocular: Evalúa la presión intraocular. Niveles elevados pueden ser indicativos de glaucoma. Un valor de referencia habitual se encuentra entre 10 y 21 mmHg, aunque puede variar dependiendo del método utilizado.

  • Campimetría visual: Estudio que analiza el campo visual periférico. Su alteración es característica en etapas iniciales de glaucoma.

  • Tomografía de coherencia óptica (OCT): Técnica no invasiva que permite obtener imágenes de alta resolución de las estructuras oculares, en particular la mácula y el nervio óptico.

Estas herramientas, junto con la historia clínica y antecedentes médicos, permiten al especialista integrar un diagnóstico certero y establecer el seguimiento adecuado.

Estas acciones forman parte de un enfoque integral que contribuye a preservar la función visual, especialmente en etapas donde aún no hay síntomas, pero sí puede haber cambios relacionados con la edad o enfermedades crónicas.

¿Cuándo acudir con un oftalmólogo?

Aunque la evaluación oftalmológica puede realizarse de forma preventiva, existen condiciones clínicas que justifican una vigilancia más frecuente. En pacientes con diabetes mellitus tipo 1 o 2, se recomienda una evaluación oftalmológica inicial al momento del diagnóstico (en adultos) y, posteriormente, al menos una vez al año si no hay hallazgos relevantes. En presencia de retinopatía diabética, la periodicidad debe ajustarse según la severidad del daño.

En personas con hipertensión arterial, la evaluación oftalmológica puede contribuir al seguimiento de los efectos sistémicos de la enfermedad, especialmente si existen signos de daño orgánico.

Asimismo, diferentes asociaciones dedicadas a la salud visual indican que para la población mexicana se recomienda considerar una evaluación de base a partir de los 60 años, aun sin antecedentes, para establecer un punto de referencia sobre su salud ocular. A partir de esa edad, los cambios oculares relacionados con el envejecimiento pueden comenzar a desarrollarse de forma progresiva.

¿Cómo cuidar la salud visual?

Existen medidas generales que pueden contribuir al cuidado de la visión a lo largo del tiempo. Estas prácticas no reemplazan la atención especializada, pero sí forman parte de un enfoque preventivo.

Entre las recomendaciones más reconocidas se encuentran:

  • Alimentación equilibrada: es esencial mantener una dieta rica en nutrientes beneficiosos para la salud ocular como vitamina A, vitamina C, vitamina E, luteína, zinc y ácidos grasos Omega-3, presentes en frutas, verduras y pescados. 

  • Actividad física regular y control del peso corporal: ambas pueden ayudar a reducir el riesgo de enfermedades sistémicas como la diabetes y la hipertensión, que pueden afectar directamente la visión.

  • Protección contra la radiación UV: el uso de gafas de sol con filtro ultravioleta y sombreros en horarios de alta radiación solar o en ambientes como playas, puede ayudar a proteger la retina, el cristalino y otras estructuras oculares sensibles.

  • Evitar el consumo de tabaco: fumar se ha relacionado con un mayor riesgo de desarrollar cataratas, degeneración macular y daño al nervio óptico.

  • Higiene en el uso de lentes de contacto: seguir las indicaciones de limpieza, reemplazo y tiempo de uso es clave para prevenir infecciones oculares.

  • Uso de gafas protectoras: en entornos laborales o actividades que implican riesgo ocular (como trabajos con polvo, chispas o productos químicos), es importante utilizar protección visual adecuada.

 

Cuidar la salud visual es una parte importante del bienestar general. A lo largo de la vida, la visión puede cambiar, y aunque algunos de estos cambios son parte natural del envejecimiento, otros pueden prevenirse o controlarse si se detectan a tiempo.

Contar con revisiones oftalmológicas regulares y prestar atención a factores como la alimentación, el control de enfermedades crónicas y la protección frente a la luz solar puede hacer una gran diferencia. La atención especializada y el seguimiento adecuado permiten detectar alteraciones visuales de forma temprana y tomar decisiones informadas para cuidar la vista en cada etapa de la vida.

 

Por: Dra. Gema Nandaí Nájera Valdez

          Ced. Prof. 13591084

          Escuela Superior de Medicina, I.P.N. 

Revisado/Modificado: agosto 2025

Referencias bibliográficas:

  1. American Academy of Ophthalmology. (2024). La enfermedad ocular diabética. https://www.aao.org/salud-ocular/enfermedades/la-enfermedad-ocular-diabetica
  2. Centers for Disease Control and Prevention. (2024, mayo 15). Why eye exams are important. https://www.cdc.gov/vision-health/about-eye-disorders/why-eye-exams-are-important.html
  3. MedlinePlus. (2024). Ceguera y problemas de visión. Biblioteca Nacional de Medicina de EE. UU. https://medlineplus.gov/spanish/ency/article/000999.html
  4. MedlinePlus. (2023). Cuidado de los ojos y la visión. Biblioteca Nacional de Medicina de EE. UU. https://medlineplus.gov/spanish/eyecare.html
  5. National Center for Biotechnology Information. (2025). Snellen Chart. En StatPearls [Internet]. StatPearls Publishing. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/books/NBK558961/
  6. World Health Organization. (2019). World report on vision: Executive summary. https://www.who.int/docs/default-source/documents/publications/world-report-on-vision-accessible-executive-summary.pdf 

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