Close
Selecciona tu ubicación
Cargando...

Parálisis facial: ¿qué es y por qué puede ocurrir?

El nervio facial forma parte del sistema nervioso y es el encargado de controlar los músculos del rostro. En ciertas condiciones, este nervio puede verse afectado, y es entonces cuando se presenta lo que se conoce como parálisis facial.

¿Qué es el nervio facial y cuál es su función?

El nervio facial es el séptimo par craneal. Su función más conocida es motora: controla los músculos responsables de la expresión facial, es decir, todo lo que permite sonreír, fruncir el ceño, cerrar los ojos o hablar con claridad.

Su recorrido comienza en el tronco encefálico, la parte del sistema nervioso que conecta el cerebro con la médula espinal. Desde ahí, el nervio atraviesa un canal óseo muy estrecho dentro del cráneo (el conducto facial) y sale a la altura del oído, cerca de la glándula parótida, donde se divide en varias ramas que llegan a distintas zonas del rostro.

Además del movimiento, cumple otras dos funciones que suelen pasar desapercibidas: transporta las señales del gusto de los dos tercios anteriores de la lengua, y regula la actividad de algunas glándulas, entre ellas las salivales y las lagrimales. Por eso, cuando este nervio se ve afectado, no siempre se trata solo de un problema de movimiento: en algunos casos también cambia la percepción del sabor o la producción de lágrimas de ese lado del rostro.

Ese recorrido tan estrecho es justo lo que lo vuelve vulnerable: ante cualquier inflamación, por mínima que sea, tiene poco espacio para expandirse dentro del canal óseo, lo que termina comprimiendo al propio nervio. Cuando esa compresión llega a interrumpir la transmisión de señales, es cuando se presenta lo que se conoce como parálisis facial.

¿Qué es la parálisis facial?

Cuando esa compresión o inflamación interrumpe la transmisión de señales, los músculos de un lado del rostro dejan de recibir la orden de moverse. A eso se le llama parálisis facial: la pérdida, total o parcial, del movimiento en un lado de la cara.

No toda parálisis facial se ve igual. La diferencia está en qué tanto del rostro se ve afectado: solo la mitad inferior de la cara, o toda la mitad, incluyendo la frente. Esto depende de en qué parte del recorrido nervioso ocurrió el daño, y es justo lo que permite distinguir entre los distintos tipos de parálisis facial, entre ellos la parálisis de Bell

¿La parálisis de Bell es lo mismo que la parálisis facial?

La parálisis de Bell es el tipo más frecuente dentro de ese grupo, se calcula que afecta a una de cada 60 o 70 personas en algún momento de su vida. Su rasgo distintivo es que, en la mayoría de los casos, no se identifica una causa puntual, aunque se ha relacionado con inflamación del nervio asociada a virus como el herpes simple.

Existen otros tipos con un origen más identificable:

  • Infeccioso, como la enfermedad de Lyme.
  • Traumático, por ejemplo, tras una fractura o cirugía cercana al nervio.
  • Neurológico, asociado a tumores u otras condiciones del sistema nervioso central.

Distinguir entre estos tipos es justamente uno de los objetivos de la evaluación médica.

¿Qué factores se asocian con mayor frecuencia a su aparición?

Los factores de riesgo cambian según el tipo de parálisis facial del que se trate.

En la parálisis de Bell, la diabetes es uno de los más relevantes: daña los pequeños vasos sanguíneos que irrigan el nervio y lo vuelve más vulnerable a la inflamación. El embarazo es otro factor importante, capaz de triplicar el riesgo, sobre todo en el tercer trimestre y la primera semana después del parto, cuando se combinan la retención de líquidos, los cambios hormonales y una respuesta inmunológica ligeramente más débil.

A esto se suman la hipertensión, la obesidad y las infecciones recientes de las vías respiratorias, también asociadas a una mayor frecuencia.

Cuando el origen es neurológico, un accidente cerebrovascular puede provocar parálisis facial al afectar el área del cerebro que controla estos músculos, casi siempre acompañada de otros signos, como dificultad para hablar o debilidad en un brazo o pierna del mismo lado.

Algo similar puede ocurrir con la esclerosis múltiple o con un tumor que comprima al nervio en su trayecto, aunque en estos casos el cuadro suele instalarse de forma gradual, muy distinta al inicio repentino que caracteriza a la parálisis de Bell.

Distinguir entre estas posibles causas forma parte de la evaluación médica de una parálisis facial y permite determinar qué estudios pueden ser necesarios en cada caso.

¿Cómo se diagnostica la parálisis facial?

  • Estudios de laboratorio: se incluyen la glucosa en ayuno, para descartar diabetes; una biometría hemática y proteína C reactiva, que ayudan a identificar procesos inflamatorios o infecciosos.
  • Estudios de imagen: resonancia magnética o tomografía computarizada, indicadas cuando se sospecha que algo distinto a la inflamación, como un tumor o una fractura o cuando hay signos que sugieren un origen neurológico central, como un accidente cerebrovascular.
  • Estudios de función nerviosa: Electromiografía y pruebas de conducción nerviosa, que miden qué tan bien está respondiendo el nervio y los músculos que controla, y ayudan además a estimar el pronóstico de recuperación en casos más severos.

No todos los pacientes requieren la misma combinación de estudios. Cuando el cuadro corresponde claramente a una parálisis de Bell típica, con frecuencia el diagnóstico se apoya principalmente en la exploración clínica, y los estudios de laboratorio o imagen quedan reservados para los casos donde la evolución o los síntomas no siguen el comportamiento esperado.

¿La parálisis facial tiene cura o tratamiento?

El tratamiento más común es con corticosteroides, y funciona mejor cuando se inicia dentro de los primeros tres días del cuadro. En casos más severos o con sospecha de origen viral, puede añadirse un antiviral, aunque su beneficio por sí solo es limitado.

La terapia física con ejercicios faciales suele acompañar el tratamiento para mantener el tono muscular y reducir la rigidez. El cuidado del ojo también es clave: si el párpado no cierra por completo, hay riesgo de resequedad o lesión en la córnea, por lo que suelen indicarse gotas lubricantes.

En casos particulares, cuando existe una causa que lo justifique, como una compresión persistente del nervio, puede considerarse la intervención de especialidades quirúrgicas.

Un tratamiento a cargo del especialista

En cualquier tipo de parálisis facial, un manejo oportuno puede mejorar las probabilidades de una recuperación más rápida y completa.

La elección entre las distintas alternativas de tratamiento depende del origen de la parálisis y de las características de cada paciente, por lo que es un profesional de la salud quien debe definirla tras la evaluación correspondiente.

Si tu médico te solicita estudios de laboratorio como parte de esa valoración, puedes consultarlos y agendarlos directamente desde la App Chopo o el sitio web de Laboratorios Chopo.

 

Por: Dra. Gema Nandaí Nájera Valdez

Ced. Prof. 13591084

Escuela Superior de Medicina, I.P.N.

Revisado/Modificado: agosto 2026

Referencias bibliográficas

  1. Bloch, D. B. (2026). Measurement and clinical significance of antinuclear antibodies.En R. F. Connor (Ed.), UpToDate. Wolters Kluwer. Consultado en
    https://www.uptodate.com/contents/measurement-and-clinical-significance-of-antinuclear-antibodies
  2. Manual MSD, versión para el público general. (2026). Parálisis de Bell. https://www.merckmanuals.com/es-us/hogar/enfermedades-cerebrales-medulares-y-nerviosas/trastornos-de-los-pares-craneales/parálisis-de-bell
  3. Secretaría de Salud, Hospital General de México "Dr. Eduardo Liceaga". (s.f.). Clínica de parálisis facial y nervio periférico. Gobierno de México. https://www.gob.mx/salud/hospitalgea/acciones-y-programas/clinica-de-paralisis-facial-y-nervio-periferico
  4. Zhang, W., et al. (s.f.). Facial Nerve Palsy. En StatPearls. National Center for Biotechnology Information. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/books/NBK549815/

Compartir: