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Perder peso vs perder tallas: ¿qué es más importante?

Imagen conceptual que representa la diferencia entre perder peso y perder tallas, con cinta métrica, báscula y lápiz como elementos clave.

En un mundo donde se valora cada vez más encajar en ciertos estándares estéticos, es fácil perder de vista lo que realmente importa cuando hablamos de salud. Muchas personas buscan bajar de peso con el objetivo de alcanzar tallas más pequeñas, sin considerar otros factores que influyen en el bienestar físico y emocional.

Sin embargo, una talla o un número en la báscula no definen el estado de salud de una persona. En realidad, existen otros aspectos que deben tomarse en cuenta, como la composición corporal y la forma en que se distribuye el peso.

Por eso, cuando alguien decide adoptar un estilo de vida más saludable, suele surgir una duda común: ¿qué es mejor, perder peso o perder tallas? ¿Y cuál de las dos opciones tiene mayor impacto en la salud? Para responder estas preguntas, es necesario comprender primero qué es la composición corporal y por qué es tan relevante.

¿Qué es la composición corporal?

Cuando hablamos del cuerpo, no solo se trata del peso que marca la báscula. En realidad, nuestro cuerpo está formado por diferentes tipos de tejidos y componentes.

Uno de los primeros modelos que explicó esto fue creado por un científico llamado Matiegka en 1921. Él propuso que el cuerpo se divide en cuatro partes principales:

  • Grasa corporal o masa grasa
  • Músculos o masa muscular
  • Huesos o masa ósea
  • Otros tejidos o masa residual (como órganos, agua y otros elementos)

Más adelante, Behnke propuso un modelo más sencillo: el modelo bicompartimental, basado en el principio de Arquímedes. Según este enfoque, el cuerpo está compuesto por dos elementos fundamentales: masa grasa y masa libre de grasa. Si lo relacionamos con el modelo anterior, la masa libre de grasa incluiría la masa muscular, ósea y residual.

Existen otros modelos, pero para fines prácticos, estos dos son suficientes para entender lo que necesitamos. Al final, lo más importante no es solo la teoría, sino saber que, en la vida real, necesitamos herramientas que nos permitan conocer con precisión cuánto de nuestro cuerpo está compuesto por grasa, músculo, hueso o agua.

Más allá de la báscula: tecnologías que revelan tu composición corporal

Casi todos tenemos una báscula en casa, y es común pesarnos con frecuencia. A veces nos asustamos si el número es más alto de lo habitual, o nos alegramos si ha bajado. Pero la realidad es que estas básculas domésticas no pueden decirnos si lo que perdimos (o ganamos) fue grasa, músculo o simplemente líquidos.

Por eso, existen métodos diseñados específicamente para analizar la composición corporal con mayor precisión. Estas herramientas, cuando son solicitadas e interpretadas por un médico nutricionista o nutriólogo, ofrecen una visión más completa y útil sobre la salud. Su uso forma parte de un enfoque profesional, individualizado y basado en evidencia.

Los métodos para evaluar la composición corporal incluyen desde la bioimpedancia eléctrica, la absorciometría de rayos X de energía dual (DEXA), hasta técnicas más avanzadas como la resonancia magnética cuantitativa, considerada la más precisa. Sin embargo, en la práctica clínica nutricional, la más utilizada es la bioimpedancia, ya que es un estudio sencillo, no invasivo y de bajo costo. Es especialmente útil en personas sin alteraciones importantes en los líquidos corporales o electrolitos.

Por otro lado, la DEXA es considerada el estándar de oro en la medición de la composición corporal. Aunque originalmente se desarrolló para evaluar la densidad mineral ósea, actualmente permite analizar con gran precisión la distribución de grasa, masa magra y tejido óseo, gracias a que los rayos atraviesan el cuerpo y distinguen con claridad los diferentes componentes.

Sin embargo, en el día a día, no siempre es necesario acceder a tecnologías avanzadas para obtener información útil sobre nuestro cuerpo. Existen métodos más accesibles que también ayudan a evaluar la composición corporal de forma indirecta, en especial cuando son realizados por un profesional capacitado.

Lo que una cinta métrica puede decir sobre tu salud

Para comprender esta situación, es importante tener en cuenta que algunos perímetros corporales son clave, ya que proporcionan información valiosa sobre la composición corporal, especialmente en lo que se refiere al volumen de grasa, músculo y hueso.

Entre los más importantes están las circunferencias del brazo, la cintura y la cadera. Aunque todas se utilizan para evaluar la composición corporal, cada una cumple una función específica. Por ejemplo, la circunferencia del brazo permite estimar la reserva muscular, mientras que las circunferencias de la cintura (lo recomendable es que sea menor a 80 cm en mujeres y menor a 94 cm en hombres) y de cadera (sin un valor estándar, ya que depende de la estatura y genética) tienen una utilidad especial: permiten valorar el riesgo cardiovascular mediante el índice cintura-cadera (ICC).

Este índice se obtiene al dividir el tamaño de la cintura entre el de la cadera y nos ayuda a entender cómo se distribuye la grasa en el cuerpo. Esta distribución puede ser más relevante para la salud que el peso total. Los valores ideales varían según el sexo: en mujeres, el rango saludable está entre 0.71 y 0.84; en hombres, entre 0.78 y 0.94. Entre más elevado sea el ICC, mayor es el riesgo cardiovascular.

Por lo tanto, las medidas corporales ofrecen información mucho más útil sobre la salud que solo el número que marca una báscula. Sin embargo, aún queda un aspecto importante por considerar: cómo cambia tu cuerpo cuando haces ejercicio y mejoras tus hábitos. Y es aquí donde entra en juego la diferencia entre perder peso y transformar tu composición corporal.

Entonces... ¿es mejor perder peso?

La respuesta es no. La pérdida de peso no siempre refleja los cambios reales que ocurren en nuestro cuerpo cuando mejoramos nuestra condición física. Por ejemplo, es posible reducir centímetros en la cintura o en la cadera sin que el número en la báscula cambie. ¿Por qué? Porque probablemente perdiste grasa, pero ganaste masa muscular, y sí: el músculo pesa más que la grasa. Este tipo de cambio es positivo y saludable, aunque no se vea reflejado en kilos menos.

Lo que siempre es importante recordar es que el peso varía constantemente: depende de la cantidad de músculo, grasa e incluso agua que tenemos. De hecho, hasta el momento del día o si ya comiste puede influir en el número que marca la báscula.

Por eso, no te obsesiones con ese número. Si ya hiciste cambios en tus hábitos o estás por hacerlo, enfócate en lo más valioso: ser constante, tratarte con amabilidad y disfrutar el proceso. Porque la salud no se mide en kilos, sino en cómo te sientes contigo y con tu cuerpo.

Recuerda que una alimentación balanceada, adaptada a tus necesidades energéticas, debe estar basada en evidencia científica y ser diseñada por un profesional de la salud. Solo así podrás alcanzar tus objetivos de forma segura, efectiva y sostenible.

 

¿Quieres leer más sobre la DEXA y cómo puede ayudarte a conocer tu composición corporal?

Visita nuestro blog:

Composición corporal | Densitometría de cuerpo entero

 

Por: Dra. Gema Nandaí Nájera Valdez

          Ced. Prof. 13591084

          Escuela Superior de Medicina, I.P.N.

Elaborado: julio 2025

Referencias bibliográficas

  1. Eraso-Checa, F., Rosero, R., González, C., Cortés, D., Hernández, E., Polanco, J. P., & Díaz-Tribaldos, C. (2023). Modelos de composición corporal basados en antropometría: revisión sistemática de literatura. Nutrición Hospitalaria, 40(5), 1068-1079. https://doi.org/10.20960/nh.04377

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