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Alopecia por estrés: por qué ocurre y diferencias con otras formas de pérdida capilar

Persona señalando una zona de pérdida de cabello, como referencia a la alopecia por estrés.

La alopecia por estrés es conocida médicamente como efluvio telógeno, una forma de pérdida de cabello que puede afectar a personas de cualquier edad, género o grupo étnico. Aunque no se cuenta con datos exactos sobre su prevalencia, es un trastorno frecuente: muchas personas adultas llegan a experimentar al menos un episodio a lo largo de su vida.
Si bien puede afectar a ambos sexos, las mujeres suelen ser más susceptibles. Para comprender esta afección tan común, es importante conocer cómo crece el cabello y qué factores, como los periodos prolongados de estrés, pueden alterar su ciclo natural y desencadenar su caída.

¿Qué es la alopecia por estrés?

La alopecia por estrés, conocida como efluvio telógeno, es una forma de pérdida de cabello difusa y no cicatricial, lo que significa que no hay daño permanente en los folículos pilosos ni formación de cicatrices en el cuero cabelludo, por lo que el crecimiento del cabello puede recuperarse con el tiempo.

Esta caída suele presentarse de manera transitoria o crónica, y ocurre como resultado de una alteración en el ciclo normal del folículo piloso, provocando que muchos cabellos pasen prematuramente de la fase de crecimiento (anágena) a la fase de reposo (telógena), donde finalmente se desprenden.

El desencadenante más frecuente es el estrés emocional, aunque también puede estar relacionado con estrés metabólico, cambios hormonales o el uso de ciertos medicamentos. En condiciones normales, alrededor del 85% del cabello se encuentra en fase anágena y solo el 15% en fase telógena. Más adelante abordaremos cómo se altera este equilibrio y qué factores influyen en este proceso.

Ciclo normal del crecimiento capilar

Existen dos tipos de folículos pilosos, que son las estructuras que rodean la raíz del cabello: folículos terminales y vellosos. Al nacer, contamos con pelos terminales en el cuero cabelludo, las cejas y las pestañas. Durante la pubertad, otras zonas del cuerpo, como las axilas y la región genital, también desarrollan pelos terminales.

Una vez formados, los folículos pilosos siguen un ciclo de crecimiento que no es sincrónico, es decir, cada folículo tiene un ritmo independiente. Esto evita que se produzca una caída masiva del cabello y permite un recambio capilar constante y equilibrado. Este ciclo está dividido en tres fases:

  • Fase anágena (crecimiento): representa el 90% del cabello. En esta etapa, el folículo piloso se encuentra activo y el cabello crece de manera constante. Puede durar de 2 a 7 años.
  • Fase catágena (transición): es una etapa breve en la que el crecimiento se detiene y el folículo comienza a encogerse. Dura entre 2 y 3 semanas. Menos del 1% de los folículos del cuero cabelludo se encuentra en esta fase.
  • Fase telógena (reposo): cerca del 10% del cabello está en esta fase. El folículo entra en reposo y el cabello se desprende de forma natural. Esta fase dura unos 3 meses antes de reiniciar el ciclo.

En condiciones normales, estas fases están equilibradas, lo que permite un recambio constante sin pérdida visible. Sin embargo, diversos factores pueden alterar este equilibrio.

¿Cómo se relaciona el estrés con la pérdida de cabello?

La forma más común de pérdida capilar relacionada con el estrés es el efluvio telógeno, que ocurre cuando un evento de estrés fisiológico o emocional provoca que un gran número de cabellos en fase de crecimiento (anágena) entren de forma abrupta en la fase de reposo (telógena).

Durante esta fase, el crecimiento de estos cabellos se detiene durante un periodo que puede durar de uno a seis meses, aunque en promedio es de tres, y muchas veces el paciente no lo nota de inmediato. Sin embargo, cuando los folículos retoman su actividad y comienzan un nuevo ciclo de crecimiento, los cabellos en reposo se desprenden, lo que se manifiesta como una caída de cabello repentina y evidente.

¿Cuáles son las causas más comúnes?

Para diagnosticar una afección capilar como el efluvio telógeno, el médico siempre considerará los antecedentes médicos y familiares del paciente, ya que pueden aportar información clave. Entre las causas más frecuentes se encuentran:

  • Enfermedad aguda o crónica de curso grave, como una infección febril.
  • Parto (telógeno gravídico).
  • Estrés emocional significativo.
  • Cambios nutricionales, como pérdida rápida de peso, restricción de calorías o proteínas, y deficiencias nutricionales.
  • Trastornos hormonales, como hipotiroidismo o hipertiroidismo.
  • Consumo de medicamentos, suplementos o exposición a toxinas.
  • Afecciones inflamatorias del cuero cabelludo.

Diferencias entre la alopecia por estrés y otras formas de pérdida capilar

Los trastornos de la caída del cabello son diversos, y cada uno presenta características clínicas, hallazgos patológicos y causas distintas. Por ello, suelen clasificarse en tres grandes grupos: alopecias cicatriciales, no cicatriciales y trastornos estructurales del tallo piloso.

Alopecias cicatriciales

Este tipo de alopecias implican un daño irreversible al folículo piloso, interrumpiendo de forma permanente el ciclo de crecimiento capilar. En estos casos, la pérdida de cabello es definitiva.

Alopecias no cicatriciales

No destruyen el folículo piloso, por lo que el cabello puede volver a crecer de forma espontánea o mediante tratamiento. En este grupo se encuentra la alopecia por estrés o efluvio telógeno, caracterizada por una caída difusa del cabello como respuesta a factores fisiológicos, emocionales o metabólicos, sin daño permanente en el cuero cabelludo.

Trastornos estructurales del tallo piloso

Estos trastornos provocan pérdida de cabello debido a alteraciones en la estructura del cabello, lo que lo vuelve más frágil y propenso a romperse.

Aunque la alopecia por estrés suele ser reversible, su aparición puede generar preocupación e impacto emocional. Por ello, identificar sus causas y actuar a tiempo es fundamental. Afortunadamente, existen acciones que pueden ayudar a reducir el riesgo de presentar este tipo de caída capilar.

¿Qué se puede hacer para tratar y prevenir la alopecia por estrés?

Aunque la alopecia por estrés, o efluvio telógeno, suele resolverse de forma espontánea una vez que se supera el factor desencadenante, existen intervenciones que pueden favorecer la recuperación capilar y reducir el riesgo de recurrencia:

1. Tratar las enfermedades asociadas

Alteraciones hormonales (como hipotiroidismo), deficiencias nutricionales o enfermedades inflamatorias del cuero cabelludo deben abordarse de manera oportuna. El tratamiento adecuado contribuye a detener la caída y estimular el crecimiento.

2. Mejorar la alimentación

Una dieta balanceada, rica en proteínas, vitaminas (especialmente del complejo B) y minerales como hierro y zinc, es fundamental para mantener el ciclo capilar saludable. En algunos casos, puede recomendarse suplementación bajo supervisión médica.

3. Suspender fármacos sospechosos

Cuando se sospecha que un medicamento está relacionado con la caída del cabello, el médico puede valorar su suspensión durante al menos tres meses para observar si hay mejoría. Esta decisión siempre debe tomarse bajo orientación profesional.

4. Reducir el estrés físico y emocional

El manejo del estrés es clave. Técnicas de relajación, actividad física regular, descanso adecuado y apoyo psicológico pueden mejorar significativamente la salud capilar y general.

5. Evitar agresiones al cuero cabelludo

Minimizar el uso de calor, químicos, tracción o peinados que tensen el cabello permite evitar daños adicionales durante la fase de recuperación.

Afrontar la pérdida de cabello puede generar preocupación, frustración o incluso ansiedad. Sin embargo, comprender sus causas, especialmente cuando se relaciona con el estrés, permite actuar de forma más informada y compasiva con uno mismo. Más allá de los tratamientos físicos, es fundamental reconocer la conexión entre bienestar emocional y salud capilar.

Cuidar tu salud mental también es cuidar tu cabello

La alopecia por estrés nos recuerda que cuerpo y mente están profundamente conectados. Cuidar la salud mental no solo tiene beneficios emocionales, sino que también puede impactar positivamente en procesos fisiológicos como el crecimiento del cabello. El manejo adecuado del estrés, una buena alimentación, el descanso suficiente y una red de apoyo emocional son aliados clave para mantener el equilibrio general.

Si notas una pérdida de cabello persistente o significativa, buscar atención médica puede ayudarte a identificar la causa y encontrar un tratamiento adecuado. Priorizar tu bienestar integral es también una forma de cuidar tu imagen, tu autoestima y tu calidad de vida.

 

Por: Dra. Gema Nandaí Nájera Valdez

          Ced. Prof. 13591084

          Escuela Superior de Medicina, I.P.N.

Elaborado: diciembre 2025

Referencias bibliográficas

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  2. Hughes, E. C., Syed, H. A., & Saleh, D. (2024). Efluvio telógeno. En StatPearls [Internet]. Treasure Island (FL): StatPearls Publishing. Recuperado el 1 de diciembre de 2025 de https://www.ncbi.nlm.nih.gov/books/NBK430848/

  3. Shapiro, J., & Hordinsky, M. (2025). Evaluación y diagnóstico de la caída del cabello. En J. P. Callen (Ed.), UpToDate. Recuperado el 1 de diciembre de 2025 de https://www.uptodate.com/contents/telogen-effluvium

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