Tipos de obesidad y sus causas
- 19 nov 2025
La obesidad es una de las principales preocupaciones de salud pública en México y en el mundo. Su prevalencia ha aumentado en las últimas décadas y actualmente se considera una enfermedad crónica que puede afectar la calidad de vida y favorecer la aparición de otras condiciones, como diabetes mellitus tipo 2, hipertensión arterial y dislipidemias.
En México, más del 70 % de la población adulta vive con sobrepeso u obesidad. El país ocupa los primeros lugares a nivel mundial tanto en obesidad adulta cómo obesidad infantil, lo que refleja una situación que requiere atención continua desde el ámbito médico y social.
Comprender la obesidad como una enfermedad metabólica
La obesidad no se limita a tener un peso elevado. Se trata de una enfermedad metabólica caracterizada por un exceso de grasa corporal que puede alterar el funcionamiento de distintos órganos y tejidos. Este exceso de grasa puede provocar cambios en el corazón, el hígado, los músculos y el sistema hormonal, afectando la regulación de la glucosa, los lípidos y la presión arterial, además de generar un estado proinflamatorio en el organismo.
Durante muchos años, el diagnóstico de obesidad se basó principalmente en el índice de masa corporal (IMC), que relaciona el peso con la altura. Sin embargo, investigaciones recientes han advertido que este valor no refleja con precisión la cantidad ni la distribución de grasa corporal, por lo que puede sobrestimar o subestimar la adiposidad en algunas personas.
Por ello, las nuevas guías internacionales recomiendan evaluar la composición corporal, es decir, la proporción entre masa grasa y masa muscular, y considerar otros indicadores que ayuden a determinar si el exceso de grasa tiene repercusiones en la salud. El enfoque actual considera que el IMC es solo una referencia inicial. Lo importante no es únicamente el peso, sino determinar si hay un exceso de grasa corporal que esté afectando el funcionamiento del organismo o el equilibrio del metabolismo.
Causas y factores que influyen en su aparición
La obesidad es una enfermedad compleja y con muchas causas posibles. No se debe a un solo motivo, sino a la combinación de distintos factores biológicos, sociales y del estilo de vida que pueden influir en cada persona de manera diferente.
- Factores genéticos: algunas personas nacen con una mayor predisposición a acumular grasa corporal o con un metabolismo más lento, lo que puede facilitar el aumento de peso.
- Cambios hormonales: las alteraciones en hormonas como la insulina, la leptina o el cortisol pueden afectar la manera en que el cuerpo utiliza y almacena la energía.
- Alimentación y entorno: la facilidad para acceder a alimentos ultraprocesados y el consumo excesivo de estos son factores que influyen en la salud y el peso corporal.
- Falta de movimiento: pasar mucho tiempo sentado o con poca actividad física disminuye el gasto de energía diario, lo que puede contribuir al aumento de peso con el tiempo.
- Estrés y descanso insuficiente: ambos pueden alterar las hormonas que regulan el apetito y la sensación de saciedad, haciendo más difícil mantener un equilibrio. Además, el estrés incrementa los niveles de cortisol, una hormona que puede favorecer la acumulación de grasa y la formación de depósitos grasos en el cuerpo.
- Tratamientos médicos: algunos medicamentos, como los esteroides o ciertos fármacos psiquiátricos, pueden provocar cambios en el metabolismo y favorecer la ganancia de peso.
Todos estos factores suelen actuar al mismo tiempo. Por eso, la obesidad no debe verse solo como una falta de voluntad o de disciplina, sino como una condición que resulta de la interacción entre el cuerpo, el entorno y los hábitos de vida.
Tipos de obesidad
La obesidad puede presentarse de distintas maneras, y por eso los especialistas la clasifican según el sitio dónde se acumula la grasa en el cuerpo o qué tan alto es el grado de exceso de peso. Estas clasificaciones ayudan a conocer mejor el impacto que puede tener en la salud.
Según la distribución de grasa corporal
- Obesidad abdominal o central: en este tipo, la grasa se acumula principalmente en el abdomen. Es la forma más relacionada con problemas metabólicos, como resistencia a la insulina o niveles altos de colesterol y triglicéridos.
- Obesidad periférica o glútea: la grasa se concentra en las caderas, glúteos o muslos. Aunque suele implicar un menor riesgo cardiovascular que la abdominal, puede afectar la movilidad o las articulaciones con el paso del tiempo.
- Obesidad generalizada: en este caso, el aumento de grasa corporal no distingue las regiones del cuerpo donde se acumula la grasa, ya que se evalúa principalmente a través de un índice de masa corporal (IMC) elevado, sin considerar la distribución específica del tejido adiposo.
Según su grado (basado en el IMC)
El índice de masa corporal (IMC) sigue utilizándose como una herramienta de referencia para estimar el grado de obesidad. Aunque no siempre refleja con precisión la cantidad de grasa, permite hacer una valoración inicial.
- Grado 1 (obesidad leve): IMC entre 30 y 34.9 kg/m²
- Grado 2 (obesidad severa): IMC entre 35 y 39.9 kg/m²
- Grado 3 (obesidad mórbida): IMC igual o superior a 40 kg/m²
Hoy se sabe que el IMC no basta para entender por completo la salud de una persona. Por eso, los especialistas complementan esta medición con estudios que analizan la composición corporal.
Según la presencia de alteraciones
Los estudios de composición corporal ayudan a saber cuánta grasa hay realmente en el cuerpo y en qué partes se acumula. Esto permite detectar si ese exceso podría estar afectando el funcionamiento de los órganos o alterando el metabolismo.
A partir de esta información, los especialistas también pueden identificar cómo está respondiendo el organismo ante ese exceso de grasa. De acuerdo con la nueva clasificación propuesta por The Lancet Diabetes & Endocrinology, existen dos formas principales de obesidad:
- Obesidad preclínica: es aquella en la que hay un aumento de grasa corporal, pero todavía no se observan daños en los órganos ni alteraciones importantes en los estudios médicos. En esta etapa, el cuerpo mantiene su equilibrio, aunque existe un mayor riesgo de presentar complicaciones con el tiempo si no se da seguimiento médico.
- Obesidad clínica: ocurre cuando el exceso de grasa ya está afectando el funcionamiento del organismo o se relaciona con enfermedades como diabetes tipo 2, hipertensión o alteraciones en el colesterol y los triglicéridos. En este punto, la atención médica continua es fundamental.
En resumen, más que fijarse en el número que marca la balanza, los médicos buscan comprender cómo está distribuida la grasa corporal y qué impacto real tiene en la salud de cada persona.
¿Cómo se evalúa la obesidad en el entorno clínico?
El personal médico realiza una evaluación integral, es decir, no se basa únicamente en el peso o en el índice de masa corporal (IMC), sino que analiza varios aspectos del cuerpo y del metabolismo. Esto permite entender de forma más completa cómo el exceso de grasa puede estar afectando la salud.
Entre las herramientas más comunes se encuentran las siguientes:
Mediciones corporales
Incluyen parámetros como la circunferencia de la cintura, la relación entre cintura y cadera, o la relación cintura-estatura. Estas medidas ayudan a identificar si la grasa se acumula en zonas de mayor riesgo, como el abdomen.
Por ejemplo, una circunferencia de cintura mayor a 88 cm en mujeres o 90 cm en hombres se asocia con un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares y metabólicas.
Estudios de composición corporal
Son pruebas que permiten conocer con más detalle cuánta grasa y masa muscular tiene el cuerpo.
- La bioimpedancia eléctrica es un método rápido y no invasivo que calcula el porcentaje de grasa, músculo y agua corporal.
- La densitometría de cuerpo entero ofrece una medición más precisa y muestra cómo se distribuye la grasa en distintas zonas del cuerpo.
Análisis de laboratorio
Ayudan a detectar si el exceso de grasa corporal está relacionado con alteraciones metabólicas. Algunos de los estudios más comunes incluyen:
- Glucosa y hemoglobina glucosilada (HbA1c): permiten conocer cómo el organismo regula la glucosa y si los valores se mantienen dentro de un rango adecuado.
- Perfil lipídico: analiza los niveles de colesterol total, colesterol HDL (“bueno”), LDL (“malo”) y triglicéridos, que son importantes para evaluar la salud cardiovascular
- Proteína C reactiva (PCR): puede indicar la presencia de inflamación en el organismo, que a veces se asocia con el exceso de grasa corporal.
El propósito de estas evaluaciones es entender cómo está funcionando el organismo y si existen alteraciones que requieran seguimiento médico.
Por eso, los especialistas suelen combinar distintas mediciones y estudios. Este enfoque integral permite obtener una visión más completa y precisa, ayudando a establecer un plan de atención personalizado y seguro para cada paciente.
El papel del seguimiento médico y los hábitos saludables
El tratamiento de la obesidad no se basa solo en perder peso, sino en mejorar la salud y el bienestar general. Por eso, el acompañamiento médico es fundamental. En este proceso suelen participar diferentes especialistas, como médicos generales, internistas, endocrinólogos, nutriólogos y psicólogos. Cada uno aporta su conocimiento para atender los distintos aspectos físicos y emocionales que pueden influir en esta enfermedad.
El objetivo principal es favorecer el equilibrio del organismo, mejorar la función del metabolismo y prevenir complicaciones. El seguimiento médico periódico también permite ajustar las estrategias conforme evoluciona cada persona. La obesidad no tiene una única causa ni una sola forma de tratamiento, por lo que cada plan debe adaptarse a las necesidades y condiciones individuales.
Avanzar hacia una vida más saludable
La obesidad requiere atención médica continua. No se trata solo de reducir el peso, sino de cuidar el cuerpo de manera integral y atender los factores que la acompañan.
Cada persona vive esta condición de forma distinta, por eso, el papel del equipo médico es fundamental para ofrecer un seguimiento personalizado y basado en evidencia. Evaluar la composición corporal, la salud metabólica y el bienestar emocional permite diseñar estrategias más seguras y efectivas.
Contar con acompañamiento profesional ayuda a mantener la salud bajo control y a prevenir complicaciones a largo plazo. Más que una meta, el tratamiento de la obesidad es un proceso de cuidado constante que puede mejorar la calidad de vida y el bienestar general.
Referencias bibliográficas
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- Procuraduría Federal del Consumidor. (2021, 2 de octubre). Obesidad: Combátela antes de que derive en otras enfermedades. Gobierno de México. https://www.gob.mx/profeco/articulos/obesidad?idiom=es
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