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Tiroiditis de Hashimoto: qué es y su relación con el hipotiroidismo

Modelo de la glándula tiroides utilizado como referencia para la tiroiditis de Hashimoto.

La tiroiditis de Hashimoto, también conocida como enfermedad de Hashimoto, es una afección que altera el funcionamiento de la glándula tiroides y se presenta con mayor frecuencia en mujeres. Debido a su relación con la función hormonal, suele mencionarse como una de las causas más comunes de hipotiroidismo. Para comprender mejor su importancia, primero es necesario entender qué es y cómo afecta al organismo.

¿Qué es la tiroiditis de Hashimoto?

La tiroiditis de Hashimoto es una enfermedad autoinmune caracterizada por la destrucción progresiva de las células de la glándula tiroides. También se conoce como tiroiditis autoinmune crónica o tiroiditis linfocítica crónica.

Se considera una de las afecciones tiroideas más frecuentes, especialmente en mujeres, con una proporción estimada de 7 a 10 casos por cada hombre. Su prevalencia aumenta con la edad y es más común entre los 45 y 55 años, particularmente en regiones con deficiencia de yodo.

¿Por qué se considera una enfermedad autoinmune?

Se considera una enfermedad autoinmune porque el sistema inmunológico reconoce de forma errónea componentes de la glándula tiroides como extraños. Como resultado, se produce un infiltrado de linfocitos T en el tejido tiroideo, es decir, una acumulación de células del sistema inmunológico que contribuyen al daño progresivo de la glándula.

Estos linfocitos T participan en la respuesta inflamatoria y en la destrucción de las células foliculares tiroideas. De manera complementaria, los linfocitos B producen autoanticuerpos dirigidos contra estructuras tiroideas, como la peroxidasa tiroidea y la tiroglobulina, lo que refuerza el proceso autoinmune.

Como consecuencia de este daño progresivo en el tejido tiroideo, la glándula puede perder su capacidad para producir hormonas de manera adecuada, lo que explica su estrecha relación con alteraciones en la función tiroidea.

Tiroiditis de Hashimoto y su relación con el hipotiroidismo

El hipotiroidismo es una afección endócrina en la que la glándula tiroides no produce suficientes hormonas tiroideas, principalmente triyodotironina (T3) y tiroxina (T4), necesarias para regular diversos procesos del organismo, como el metabolismo.

Existen múltiples causas de hipotiroidismo; sin embargo, la tiroiditis de Hashimoto se considera la más frecuente. En esta enfermedad, el proceso autoinmune genera una inflamación crónica de la tiroides que, con el tiempo, puede alterar su estructura y disminuir su capacidad de producir hormonas de manera adecuada y suficiente.

Como resultado, la función tiroidea se ve comprometida de forma progresiva, lo que explica por qué la enfermedad de Hashimoto suele asociarse con el desarrollo de hipotiroidismo. Este proceso no ocurre de forma inmediata, sino que puede desarrollarse a lo largo del tiempo.

Si bien puede presentarse en distintas personas, existen ciertos factores que se han asociado con una mayor probabilidad de desarrollar esta enfermedad.

¿Quiénes tienen mayor riesgo de desarrollar Hashimoto?

El riesgo de desarrollar tiroiditis de Hashimoto es mayor en personas con ciertos antecedentes genéticos y condiciones asociadas. Como ocurre en muchas afecciones endocrinas, su aparición suele estar relacionada con una combinación de factores hereditarios y ambientales.

Factores genéticos

Diversos estudios han demostrado que existe una importante predisposición familiar. Se ha observado que hasta el 50% de las personas con tiroiditis de Hashimoto tienen antecedentes familiares de enfermedad tiroidea autoinmune, ya sea la propia enfermedad de Hashimoto o la enfermedad de Graves.

Cuando un hermano ha sido diagnosticado con esta afección, el riesgo puede superar el 20%. En el caso de gemelos monocigóticos, la concordancia puede situarse entre el 30% y el 60%, lo que refuerza el papel de los factores genéticos en su desarrollo.

Asimismo, la enfermedad es más frecuente en personas con ciertas condiciones genéticas, como el síndrome de Down o el síndrome de Turner.

Factores ambientales

Además de la predisposición genética, se han identificado diversos factores ambientales que pueden influir en el desarrollo de la tiroiditis de Hashimoto. Algunos de ellos han sido mejor estudiados y se consideran posibles desencadenantes, como el estrés, ciertas infecciones o cambios hormonales, por ejemplo, durante el embarazo.

Por otro lado, también se ha explorado el papel de factores nutricionales, como el estado de vitamina D, selenio, hierro o el consumo de yodo. Sin embargo, la evidencia sobre su impacto en el desarrollo de la enfermedad aún es variable, por lo que su papel se encuentra en estudio.

En conjunto, estos factores pueden influir no solo en la aparición de la enfermedad, sino también en la forma en que progresa a lo largo del tiempo.

¿Cómo evoluciona la tiroiditis de Hashimoto?

En la forma bociosa, la glándula tiroides puede aumentar de tamaño debido a la inflamación, lo que se conoce como bocio. En cambio, en la forma atrófica, la glándula tiroides disminuye de tamaño como consecuencia del daño progresivo en su tejido.

Estas diferencias se relacionan con el grado de infiltración de células del sistema inmunológico, así como con los cambios estructurales que ocurren en la glándula, como la fibrosis, es decir, la sustitución del tejido funcional por tejido fibroso.

En términos generales, esta afección suele tener un curso progresivo, en el que la función tiroidea se va alterando de manera gradual. En etapas iniciales, algunas personas pueden presentar cambios leves en la producción hormonal sin alteraciones evidentes; sin embargo, conforme avanza el proceso, la capacidad de la glándula para producir hormonas tiroideas puede verse comprometida.

Este cambio progresivo puede influir en funciones del organismo reguladas por la tiroides, como el metabolismo, la temperatura corporal y la actividad de distintos órganos. Por ello, identificar de manera oportuna las alteraciones en la función tiroidea resulta clave para su evaluación.

¿Cómo se detecta la tiroiditis de Hashimoto?

La evaluación de la tiroiditis de Hashimoto se realiza mediante la integración de la valoración clínica y estudios de laboratorio, que permiten analizar la función tiroidea y la presencia de un proceso autoinmune.

Evaluación inicial de la función tiroidea

Como parte de la valoración médica, suelen solicitarse pruebas como la hormona estimulante de la tiroides (TSH) y la tiroxina (T4), que permiten conocer si la glándula tiroides está produciendo hormonas de manera adecuada.

Detección de anticuerpos tiroideos

Para complementar la evaluación, el médico puede indicar la medición de anticuerpos antitiroideos, como los anticuerpos contra la peroxidasa tiroidea (anti-TPO) y contra la tiroglobulina, los cuales se asocian con procesos autoinmunes que afectan la glándula tiroides.

Estudios complementarios

Dependiendo de cada caso, el médico puede considerar estudios adicionales para una valoración más integral. Entre ellos se encuentra el ultrasonido de tiroides, que permite observar características estructurales de la glándula, como su tamaño y posibles cambios en el tejido.

Asimismo, pueden solicitarse otros estudios de laboratorio, como la medición de vitamina D o parámetros relacionados con el metabolismo del hierro, de acuerdo con el contexto clínico de cada persona. En conjunto, estos elementos permiten tener una visión más completa de la función tiroidea y su posible alteración.

Tiroiditis de Hashimoto: lo que conviene saber

Comprender la tiroiditis de Hashimoto implica reconocer que cada caso puede evolucionar de manera distinta y que los cambios en la función tiroidea forman parte de un proceso que debe valorarse de manera integral. Contar con información clara y con el acompañamiento de un profesional de la salud permite tomar decisiones más informadas sobre el cuidado de la salud tiroidea.

En este contexto, existen estudios como el perfil tiroideo autoinmune y el check-up básico tiroideo, que pueden aportar información sobre la función de la glándula tiroides y la presencia de anticuerpos asociados. La elección de estos estudios debe realizarse siempre bajo la orientación médica.

 

Por: Dra. Gema Nandaí Nájera Valdez

Ced. Prof. 13591084

Escuela Superior de Medicina, I.P.N.

Elaborado: marzo 2026

Referencias bibliográficas

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