¿Qué es el asma y cómo se detecta?
- 31 jul 2026
El asma es una afección en la que las vías respiratorias se estrechan e inflaman, lo que puede aumentar la producción de mucosidad. Esto puede dificultar la respiración y generar molestias como tos, un silbido al exhalar y sensación de falta de aire.
Es una enfermedad crónica que requiere un manejo constante, y su clasificación en distintos niveles de gravedad ayuda al médico a definir el tratamiento y el seguimiento más adecuados para cada paciente.
¿Cómo se clasifica el asma?
El asma se clasifica según su nivel de gravedad, lo que permite al médico definir el tratamiento y el seguimiento más adecuados para cada paciente. Existen dos guías clínicas de referencia, GEMA y GINA, que establecen esta clasificación con base en parámetros clínicos y funcionales.
Esta evaluación debe realizarse desde la primera consulta, antes de iniciar cualquier terapia de control.
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Clasificación según GEMA* |
Clasificación según GINA** |
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*Guía Española para el Manejo del Asma
**Iniciativa Global para el Asma (GINA, por sus siglas en inglés)
Para establecer esta clasificación, el médico evalúa dos aspectos: el deterioro, a partir de los síntomas presentados en las últimas 2 a 4 semanas, y el riesgo, considerando las exacerbaciones (episodios en los que los síntomas empeoran) que el paciente haya tenido durante el último año.
¿Qué cambios ocurren en las vías respiratorias durante el asma?
Durante una crisis de asma, las vías respiratorias presentan varios cambios que dificultan la respiración:
- Broncoconstricción: contracción de los músculos que rodean las vías respiratorias, lo que las estrecha.
- Edema e inflamación: hinchazón de las vías respiratorias, lo que reduce el espacio disponible para el paso del aire.
- Hiperreactividad: sensibilidad extrema de las vías respiratorias ante alérgenos (sustancias que producen alergias), infecciones o sustancias irritantes.
- Remodelación de las vías aéreas: cambios estructurales derivados de la inflamación continua, que incluyen la pérdida del revestimiento interno (descamación), la formación de tejido cicatricial (fibrosis subepitelial), la creación de nuevos vasos sanguíneos (angiogénesis) y el engrosamiento de los músculos (hipertrofia del músculo liso).
Estos cambios se agravan porque distintas células del sistema de defensa del cuerpo se acumulan en las vías respiratorias y mantienen la inflamación activa. Algunas de estas células están relacionadas con reacciones alérgicas, mientras que otras participan en procesos inflamatorios más generales. A esto se suma la pérdida de sustancias que normalmente ayudan a mantener los bronquios relajados.
¿A quién afecta más el asma en México?
En México, el asma se ubica entre las primeras 20 causas de enfermedad, con un impacto importante en la población joven: el 24% de los casos registrados corresponde al grupo de 5 a 14 años. La prevalencia nacional promedio es del 8%, aunque varía según la región, siendo más alta en las ciudades cercanas al Golfo de México.
Es más frecuente en niños durante la infancia, mientras que en la adolescencia y la adultez se presenta con mayor frecuencia en mujeres.
¿Qué puede aumentar el riesgo de desarrollar asma?
- Antecedentes familiares, especialmente en padres y hermanos.
- Alergias, como eccema y rinitis.
- Vivir en zonas urbanas, por la mayor exposición a contaminación y humo.
- Factores prenatales y neonatales, como bajo peso al nacer, prematurez o infecciones virales respiratorias.
- Obesidad.
- Factores durante el embarazo, como la edad materna y la nutrición durante la gestación.
- Deficiencias nutricionales, particularmente de vitaminas C y E, y omega-3.
- Síndrome de disfunción reactiva de las vías aéreas (RADS): relacionado con la exposición a óxido de nitrógeno o compuestos orgánicos volátiles.
- Origen étnico, mayor riesgo en personas puertorriqueñas y afrodescendientes, con mayor mortalidad en niños afrodescendientes e hispanos.
- Exposición ocupacional, a productos químicos, polvo industrial o compuestos presentes en perfumes y productos de limpieza.
- Cambio climático, por la contaminación y las variaciones en los patrones de temperatura y humedad.
- Desencadenantes ambientales, como polen, ácaros, cucarachas, caspa de animales, mariscos, cacahuates, reflujo gastroesofágico, ansiedad y estrés.
- Estimulación del nervio vago, que puede provocar contracción y estrechamiento de los bronquios.
- Ciertos medicamentos, como la aspirina y los antiinflamatorios no esteroides (AINEs), especialmente en personas con asma grave.
¿Cómo se diagnostica el asma?
El médico inicia el proceso diagnóstico con una exploración física y una revisión del historial médico, con el objetivo de descartar otras afecciones respiratorias, como infecciones o la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC). Según cada caso, puede solicitar los siguientes estudios:
- Espirometría sin broncodilatador: mide la cantidad de aire que se puede exhalar después de una inhalación profunda y la velocidad con la que se realiza, para evaluar el estrechamiento de los bronquios.
- Espirometría con broncodilatador: se realiza dos veces, antes y después de administrar un medicamento que relaja y abre las vías respiratorias, para observar si mejora la función pulmonar.
- Flujo espiratorio máximo: mide la fuerza con la que se puede exhalar. Valores por debajo de lo normal pueden indicar un funcionamiento pulmonar deficiente o un posible empeoramiento del asma.
- Prueba de provocación con metacolina :evalúa la reacción de las vías respiratorias ante la metacolina, un desencadenante conocido; una respuesta positiva sugiere la presencia de asma.
- Radiografía de tórax: permite identificar anomalías estructurales u otras afecciones que puedan causar o agravar los problemas respiratorios.
¿Cómo se puede controlar el asma en el día a día?
- Conoce tu enfermedad: pide orientación a tu médico sobre tu tipo y nivel de asma.
- Identifica y evita tus desencadenantes: reconoce los factores que provocan tus síntomas y busca reducir la exposición a ellos.
- Ten un plan de acción: pregúntale a tu médico qué hacer específicamente cuando los síntomas empeoran.
- Prepara un equipo de emergencia: ten siempre a la mano tus medicamentos de rescate y asegúrate de que tú y tu familia sepan usarlos correctamente.
- Da seguimiento regular: asiste a tus consultas y utiliza herramientas para monitorear tu función pulmonar.
- Sigue tu tratamiento preventivo: toma los medicamentos indicados de forma constante, incluso cuando te sientas bien.
- Aprende a usar tus broncodilatadores: conoce cómo y cuándo usar tus inhaladores de rescate para aliviar síntomas agudos.
- Ajusta tu tratamiento con supervisión médica: aprende a reconocer cuándo es necesario modificar tu esquema de medicamentos según las indicaciones de tu médico.
El control del asma depende de un seguimiento constante
El asma es una enfermedad crónica que requiere atención continua para mantenerse bajo control. Conocer tus desencadenantes, seguir un plan de acción personalizado y mantener una comunicación cercana con tu médico son elementos clave para reducir las crisis y mejorar tu calidad de vida.
Sí ya cuentas con orden médica, en Laboratorios Chopo puedes realizarte estudios como la espirometría con y sin broncodilatador y la radiografía de tórax, herramientas clave para el diagnóstico y seguimiento del asma. Agenda tu cita a través de nuestro sitio web o la App Chopo.
Por: Dra. Gema Nandaí Nájera Valdez
Ced. Prof. 13591084
Escuela Superior de Medicina, I.P.N.
Revisado/Modificado: julio 2026
Referencias bibliográficas
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