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Dolor de espalda: por qué ocurre y qué hábitos pueden influir

Persona sentada con molestia en la zona lumbar, relacionada con dolor de espalda.

El dolor de espalda es una de las molestias más frecuentes en la vida cotidiana y puede presentarse en distintos momentos, ya sea durante el trabajo, al realizar actividades diarias o incluso en reposo.

De acuerdo con la Organización Mundial de la salud, el dolor lumbar es una de las principales causas de limitación funcional a nivel mundial.

Aunque en muchos casos no es una condición grave, su aparición puede estar influida por distintos factores, desde hábitos posturales hasta el nivel de actividad física. Comprender por qué ocurre y qué elementos pueden influir en su aparición permite tener una mejor perspectiva sobre su evaluación.

¿A qué se debe el dolor de espalda?

El dolor de espalda puede tener múltiples causas y, en la mayoría de los casos, está relacionado con factores mecánicos, es decir, con el uso y la carga que soporta la columna vertebral en la vida diaria.

Para entender mejor su origen, estos factores pueden organizarse en diferentes categorías:

Factores musculares y posturales

Entre las causas más frecuentes se encuentran las tensiones musculares, las posturas mantenidas por largos periodos y ciertos movimientos repetitivos. Estas situaciones pueden generar sobrecarga en la musculatura y en las estructuras de la espalda.

Por ejemplo, permanecer varias horas sentado frente a una computadora, trabajar con la espalda encorvada o sin apoyo adecuado, o realizar actividades que implican cargar peso de forma repetida pueden influir en cómo se distribuye la carga en la columna vertebral.

Factores relacionados con actividad diaria

Las actividades que se realizan a lo largo del día pueden influir en la forma en que la columna soporta la carga. Permanecer en una misma posición durante largos periodos o realizar movimientos repetitivos puede modificar la distribución del esfuerzo en la espalda.

Otros factores que pueden influir

Además de los factores mecánicos, existen otros elementos que pueden influir en la aparición del dolor de espalda, como cambios asociados con la edad o variaciones en la estructura de la columna vertebral.

En estos casos, la valoración médica permite analizar el origen del dolor dentro de un contexto más amplio y determinar si es necesario complementar con otros estudios. Además, considerar la zona en la que se presenta el dolor puede ayudar a comprender mejor sus características.

Dolor de espalda baja y alta: ¿qué diferencias existen?

El dolor de espalda puede presentarse en distintas zonas, y su localización aporta información útil para comprender qué estructuras pueden estar involucradas. Las regiones más frecuentes son la parte baja (lumbar) y la parte alta de la espalda.

Dolor de espalda baja: el más frecuente

El dolor de espalda baja, también conocido como dolor lumbar, es el más común en la población general. Se localiza en la parte inferior de la columna y suele estar relacionado con la carga que esta zona soporta durante las actividades diarias.

Factores como permanecer sentado por largos periodos, levantar objetos o realizar movimientos repetitivos pueden influir en cómo se distribuye el esfuerzo en esta región. Debido a su función de soporte, esta zona es especialmente susceptible a sobrecarga mecánica.

Dolor de espalda alta

El dolor de espalda alta se localiza en la región dorsal o torácica y, aunque es menos frecuente, también puede relacionarse con factores posturales y con la forma en que se realizan ciertas actividades.

En muchos casos, se asocia con posturas mantenidas, como trabajar frente a una computadora o el uso prolongado de dispositivos electrónicos, lo que puede generar tensión en la musculatura de la parte superior de la espalda.

Hábitos que pueden influir en el dolor de espalda

Más allá de las causas mecánicas, ciertos hábitos cotidianos pueden influir en la forma en que la espalda responde a las actividades diarias. La manera en que se mantiene la postura, el nivel de movimiento y el entorno pueden modificar la carga que recibe la columna vertebral.

Uno de los aspectos más relevantes es la postura que se adopta a lo largo del día.

Postura en actividades diarias

La forma en que se mantiene la postura durante actividades como trabajar, estudiar o usar dispositivos electrónicos puede influir en la distribución de la carga sobre la espalda.

Mantener posiciones encorvadas o sin apoyo adecuado durante periodos prolongados puede generar mayor tensión en la musculatura, especialmente en la zona lumbar y dorsal.

Además de la postura, el nivel de actividad física también juega un papel importante.

Nivel de actividad física

El nivel de actividad física influye en la capacidad de la musculatura para sostener y estabilizar la columna vertebral. El sedentarismo o la falta de movimiento pueden asociarse con menor soporte muscular y menor movilidad, lo que influye en la forma en que la espalda responde a las actividades diarias.

Por otro lado, cuando se realizan actividades físicas, es importante que estas se adapten de forma progresiva a la capacidad de cada persona. Cambios bruscos en la carga o en la intensidad pueden modificar la forma en que se distribuye el esfuerzo en la espalda.

Mantener un equilibrio entre movimiento, fuerza y movilidad permite una mejor adaptación de la columna a las exigencias del día a día.

A esto se suma el tiempo que se permanece en una misma posición.

Tiempo prolongado en una misma posición

Permanecer durante largos periodos en una misma posición, ya sea sentado o de pie, puede influir en la forma en que la columna recibe y distribuye la carga. La falta de cambios de postura puede favorecer la acumulación de tensión en distintas zonas de la espalda.

Por ello, cambiar de posición a lo largo del día permite que diferentes grupos musculares participen en el soporte de la columna.

Finalmente, también es importante considerar el entorno en el que se desarrollan las actividades cotidianas.

Factores como el descanso y el entorno

El descanso y las condiciones del entorno pueden influir en la postura y en la forma en que la espalda se adapta a las exigencias diarias. Elementos como el tipo de superficie de descanso o las características del espacio de trabajo pueden modificar la manera en que se distribuye la carga en la columna.

¿Cómo saber si el dolor de espalda puede requerir valoración médica?

En la mayoría de los casos, el dolor de espalda está relacionado con factores mecánicos y hábitos cotidianos. Sin embargo, existen situaciones en las que puede ser recomendable considerar una valoración médica, especialmente cuando el dolor es persistente o no mejora con el paso del tiempo.

También puede ser útil buscar orientación cuando el dolor interfiere con las actividades diarias o cuando se presenta en contextos distintos a los habituales. La valoración médica permite analizar el caso de forma individual y determinar si es necesario realizar estudios complementarios.

En caso de requerirse una evaluación más detallada, el médico puede apoyarse en distintas herramientas para comprender mejor el origen del dolor.

¿Qué estudios pueden apoyar la evaluación del dolor de espalda?

Cuando se requiere una evaluación más detallada, el médico puede apoyarse en distintos estudios que permiten observar la estructura de la columna o complementar la información clínica.

Entre los más utilizados se encuentran los estudios de imagen, como la radiografía o la resonancia magnética, que permiten analizar las estructuras óseas y los tejidos blandos. En algunos casos, también pueden solicitarse estudios de laboratorio para complementar la valoración, dependiendo del contexto de cada persona.

Contar con esta información forma parte de una valoración más amplia, en la que cada caso se analiza de manera individual.

Dolor de espalda: lo que conviene saber

El dolor de espalda es una experiencia común que puede generar dudas o preocupación, especialmente cuando aparece sin una causa clara. Sin embargo, en muchos casos está relacionado con la forma en que se realizan las actividades diarias y con los hábitos que forman parte de la rutina.

Entender qué factores pueden influir en su aparición permite verlo con mayor claridad y tomar decisiones informadas junto con el médico tratante. Cada persona vive este tipo de molestias de manera distinta, por lo que contar con orientación profesional puede ayudar a comprender mejor lo que está ocurriendo.

Si estás pasando por una situación similar, informarte y observar cómo responde tu cuerpo también forma parte del proceso. Ante cualquier duda, buscar acompañamiento médico puede brindarte mayor tranquilidad y claridad en cada paso.

 

Por: Dra. Gema Nandaí Nájera Valdez

Ced. Prof. 13591084

Escuela Superior de Medicina, I.P.N.

Elaborado: abril 2026

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