Influenza en adultos mayores, ¿por qué requiere atención especial?
- 27 ago 2025
La influenza es una infección respiratoria causada por virus de la familia Orthomyxoviridae, que se presenta de forma estacional y tiene una alta capacidad de contagio. A nivel mundial, afecta a millones de personas cada año, y los adultos mayores forman uno de los grupos más vulnerables. De acuerdo con estimaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), las epidemias anuales de influenza causan entre 3 y 5 millones de casos graves, y hasta 650 mil muertes respiratorias, siendo los mayores de 65 años los más afectados.
Esta mayor susceptibilidad se relaciona con el envejecimiento del sistema inmunológico y la coexistencia de enfermedades crónicas, lo que incrementa el riesgo de complicaciones y hospitalizaciones.
Factores que hacen más vulnerable a esta población
Con el paso de los años, el sistema inmunitario experimenta un proceso natural llamado inmunosenescencia, que consiste en el envejecimiento del sistema de defensa del cuerpo. Esto significa que las personas mayores tienen más dificultad para defenderse de infecciones, ya que su organismo produce menos anticuerpos y responde con menor eficacia frente a patógenos, es decir, virus, bacterias u otros microorganismos que pueden causar enfermedades. Además, se reduce la actividad de las células T, un tipo de célula clave en la respuesta inmunitaria, encargada de reconocer y destruir células infectadas por virus.
A partir de los 65 años, es común que ocurran cambios en el funcionamiento del cuerpo que pueden aumentar el riesgo frente a infecciones respiratorias como la influenza. Uno de estos cambios es la disminución de la capacidad pulmonar y de la fuerza en los músculos respiratorios, lo que dificulta eliminar secreciones con facilidad. Esto puede hacer que infecciones como la gripe deriven en complicaciones más graves, como la neumonía. Por estas razones, las autoridades de salud consideran a las personas mayores como una población prioritaria en las campañas de prevención estacional.
Particularidades de las enfermedades respiratorias en la vejez
Las infecciones respiratorias agudas, como la influenza, el COVID-19 o la causada por Streptococcus pneumoniae, pueden presentarse de forma distinta en las personas mayores. A diferencia de los adultos jóvenes, es común que en este grupo la fiebre no aparezca o que los síntomas iniciales se confundan con otras enfermedades crónicas. Esto puede dificultar el reconocimiento temprano de la infección y retrasar su atención.
En los adultos mayores, las infecciones respiratorias como la influenza o el COVID-19 pueden manifestarse de forma diferente. A veces, los signos habituales como la fiebre no están presentes o se presentan de forma leve, lo que dificulta una detección oportuna. Esto se debe a que el envejecimiento y la presencia de otras enfermedades pueden modificar la manera en que el cuerpo responde a las infecciones.
Cuando el organismo no logra activar una respuesta inmunitaria típica, otros sistemas pueden verse afectados. Uno de ellos es el sistema nervioso. Por eso, en algunos casos, las infecciones pueden provocar cambios en el estado mental, como dificultades para concentrarse o alteraciones en el sueño. Estas reacciones son una señal de que el cuerpo está luchando contra una enfermedad, aunque no se presenten los signos clásicos. Ante cualquier cambio de este tipo, es fundamental acudir al médico para una evaluación adecuada.
Adicionalmente, la respuesta inflamatoria sistémica en la vejez suele ser menos intensa, lo que limita la utilidad de la observación clínica como único recurso diagnóstico. Esto refuerza la importancia de emplear herramientas específicas de laboratorio y gabinete cuando se sospecha una infección respiratoria, especialmente durante los periodos de alta circulación viral o bacteriana.
La influenza como factor de riesgo en personas con condiciones crónicas
En personas con enfermedades cardiovasculares, respiratorias o metabólicas, la infección por influenza puede actuar como desencadenante o agravante de complicaciones preexistentes. Por ejemplo, en quienes viven con enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) o asma, el virus puede provocar una mayor inflamación en las vías respiratorias. Esto dificulta la respiración y hace que el oxígeno llegue con menos eficacia a los pulmones, lo que incrementa el riesgo de complicaciones.
En personas con enfermedades del corazón o presión arterial alta, una infección como la influenza puede representar una carga adicional para el cuerpo. Esto se debe a que el sistema responde con mayor inflamación y esfuerzo metabólico, lo que puede desestabilizar condiciones cardiacas preexistentes. Por ejemplo, el corazón puede tener más dificultad para bombear sangre adecuadamente o mantener un ritmo estable. Esta situación puede empeorar si el organismo ya estaba funcionando con limitaciones, lo que incrementa el riesgo de complicaciones.
En personas con diabetes, una infección como la influenza puede afectar temporalmente el equilibrio de la glucosa en la sangre. Esto ocurre porque el cuerpo, al enfrentar el estrés de la enfermedad, libera ciertas sustancias conocidas como hormonas contrarreguladoras, como el cortisol y la adrenalina que tienden a aumentar los niveles de glucosa (azúcar) en la sangre. Además, durante la infección, el cuerpo puede volverse menos sensible a la insulina.
Estas alteraciones pueden provocar un aumento repentino y peligroso de la glucosa. En algunos casos, este descontrol puede llevar a una condición llamada cetoacidosis diabética, donde el organismo, al no poder usar correctamente la glucosa, comienza a descomponer grasa para obtener energía, generando sustancias llamadas cetonas que pueden acumularse en la sangre y afectar el equilibrio del cuerpo. Por eso, en personas con diabetes, es importante estar atentos durante cualquier infección respiratoria.
Asimismo, la obesidad (especialmente cuando forma parte del síndrome metabólico junto con hipertensión, dislipidemia y alteraciones en el metabolismo de la glucosa) ha sido identificada como un factor que aumenta la susceptibilidad a infecciones respiratorias graves. El exceso de grasa corporal puede dificultar el buen funcionamiento de los pulmones, limitar la capacidad para respirar con profundidad y favorecer un estado de inflamación constante en el cuerpo, lo que puede hacer que la respuesta del organismo ante la influenza sea más complicada.
En este contexto, la infección no solo representa un riesgo por su propia fisiopatología, sino también por su interacción con condiciones crónicas que comprometen la respuesta del organismo y dificultan la recuperación.
Estudios clínicos como parte del seguimiento en temporada alta
Durante los periodos de mayor circulación viral, existen herramientas de laboratorio y gabinete que pueden complementar la valoración clínica en adultos mayores con factores de riesgo. Es fundamental aclarar que estos estudios deben ser solicitados e interpretados exclusivamente por profesionales médicos, conforme a la historia clínica de cada individuo.
Prueba rápida de antígenos combinado (COVID-19 / Influenza A/B)
Al colocar una pequeña gota de la muestra en la prueba rápida, esta se mueve a lo largo de una tira absorbente, como cuando un papel seco absorbe agua. A este movimiento se le llama capilaridad. Mientras la muestra avanza, entra en contacto con una zona que contiene anticuerpos especiales. Si en la muestra están presentes los antígenos del virus (COVID-19 o influenza A/B), estos se unirán a los anticuerpos, lo que permite detectar la presencia del virus.
Radiografía de tórax
La radiografía de tórax, incluyendo la proyección lateral, ofrece una visualización ampliada del parénquima pulmonar, las estructuras óseas y la cavidad mediastinal. Esta herramienta de imagen, ayuda a observar cambios en los pulmones que podrían indicar una infección o complicaciones asociadas. Por ejemplo, permite detectar si hay zonas con acumulación de líquido, áreas donde el aire no entra bien o señales de inflamación. Este tipo de estudio puede complementar la valoración médica cuando una persona tiene dificultad para respirar o se sospecha de una infección respiratoria más compleja.
Panel de alérgenos respiratorios
El análisis de IgE específicas en sangre mediante la tecnología InmunoCAP permite identificar sensibilizaciones a sustancias como ácaros, pólenes, hongos o epitelios animales. En el contexto post-infeccioso, especialmente si hay antecedentes compatibles o persistencia de alteraciones en las vías respiratorias, este panel puede ayudar a los profesionales a diferenciar entre hipersensibilidades alérgicas y secuelas respiratorias de enfermedades virales.
Espirometría
La espirometría es una prueba que evalúa qué tan bien funcionan los pulmones al medir la cantidad de aire que una persona puede exhalar y la velocidad con la que lo hace. Esto ayuda a detectar alteraciones en la función respiratoria que pueden mantenerse o empeorar después de una infección viral, como la influenza, sobre todo en personas con enfermedades pulmonares crónicas. Por ello, en ciertos casos, puede formar parte del seguimiento médico, siempre bajo indicación profesional.
Estos estudios no deben considerarse herramientas de autodiagnóstico. Su relevancia radica en aportar datos objetivos que, junto con la evaluación clínica y antecedentes médicos, permiten a los profesionales de la salud tomar decisiones más informadas respecto al manejo o seguimiento de cada caso.
¿Cómo cuidar mejor a los adultos mayores frente a la influenza?
La evidencia disponible respalda que las medidas de salud pública orientadas a la vigilancia epidemiológica, la promoción de hábitos saludables y la detección temprana de casos contribuyen a mitigar el impacto de la influenza en esta población. Es importante que los adultos mayores participen en chequeos médicos periódicos, esto permite un seguimiento integral de su estado de salud y facilita la detección oportuna de complicaciones.
Adicionalmente, la vacunación anual contra la influenza es una herramienta preventiva ampliamente recomendada por autoridades de salud, especialmente en personas mayores, ya que ayuda a reducir las probabilidades de enfermedad grave. Siempre es recomendable consultar con el personal médico si es momento de recibirla.
Si bien no todas las infecciones pueden prevenirse, el fortalecimiento de la salud general mediante una alimentación equilibrada, actividad física adaptada y control regular de enfermedades crónicas forma parte del enfoque integral que los profesionales de la salud adoptan para proteger a los grupos más vulnerables.
Por: Dra. Gema Nandaí Nájera Valdez
Ced. Prof. 13591084
Escuela Superior de Medicina, I.P.N.
Revisado/Modificado: agosto 2025
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