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¿Cómo se evalúan clínicamente los trastornos motores?

Profesional de salud asistiendo a persona en rehabilitación física para trastornos motores.

Los trastornos motores son alteraciones del sistema nervioso que afectan la forma en que una persona se mueve. Pueden hacer que los movimientos sean lentos, rígidos o involuntarios, y en algunos casos, dificultan acciones tan simples como caminar, escribir o mantener el equilibrio.

Entre las condiciones más conocidas se encuentran la enfermedad de Parkinson, el temblor esencial, la distonía y las ataxias. Todas ellas tienen en común una alteración en el control del movimiento, aunque las causas y los síntomas pueden ser muy diferentes.

Los trastornos del movimiento son frecuentes en el mundo, por eso, su evaluación clínica tiene hoy un papel fundamental en la práctica médica que permite identificar su origen y comprender cómo afectan la vida diaria de cada persona.

Trastornos motores y su evaluación clínica

Los trastornos motores son condiciones neurológicas en las que el cuerpo tiene dificultades para controlar o ejecutar los movimientos. Esto puede deberse a problemas en los músculos o a fallas en distintas partes del sistema nervioso como el cerebro, la médula espinal o los nervios.

No todos tienen la misma causa ni el mismo comportamiento. Algunas alteraciones se deben a lesiones cerebrales, otras a desequilibrios metabólicos o a fallas en la conexión entre los nervios y los músculos.

El objetivo de la evaluación médica además de detectar de qué tipo de trastorno se trata, es entender dónde está el problema y cómo influye en el funcionamiento del cuerpo. Por eso, el diagnóstico suele requerir la participación de distintos especialistas, como neurólogos, médicos fisiatras y terapeutas de rehabilitación, quienes trabajan de manera conjunta para analizar los hallazgos clínicos.

Evaluación médica inicial

La valoración siempre comienza con una exploración física y observación clínica. El especialista analiza cómo se mueve el paciente, cómo es su postura, si hay rigidez muscular o movimientos anormales, y cómo responden los reflejos.

Este examen ayuda a definir si el origen del trastorno está en el sistema nervioso o en los músculos. Por ejemplo, un temblor rítmico o una pérdida de coordinación pueden orientar al médico hacia un problema neurológico, mientras que una debilidad localizada puede indicar una alteración muscular. Esta evaluación algunas veces ofrecerá el diagnóstico definitivo, pero en otras ocasiones se requerirán estudios complementarios.

Estudios de laboratorio y su utilidad en la evaluación

En algunos casos, los trastornos del movimiento no se deben únicamente a un problema neurológico. A veces, el origen puede estar en cambios en el equilibrio químico del cuerpo o en el metabolismo, es decir, en la forma en que el organismo utiliza la energía y los nutrientes.

Por esta razón, el médico puede solicitar estudios de laboratorio que ayuden a conocer mejor cómo están funcionando diferentes sistemas del cuerpo. Entre los más comunes se encuentran:

Electrolitos como el sodio, el potasio y el calcio. Estos minerales son indispensables para que los músculos se contraigan correctamente. Si sus niveles están fuera de lo normal, pueden presentarse debilidad, rigidez o movimientos anormales.

Perfil tiroideo para evaluar las hormonas tiroideas, producidas por la glándula tiroides. Cuando esta glándula trabaja más o menos de lo necesario, puede provocar temblores, fatiga o lentitud en los movimientos. 

Glucosa y vitamina B12, que influyen directamente en la energía y en el buen funcionamiento del sistema nervioso. Una alteración en estos valores puede afectar la comunicación entre los nervios y los músculos.

Estos análisis no se solicitan de forma rutinaria, sino cuando el especialista considera que pueden ayudar a entender mejor la causa del trastorno. Los resultados siempre deben ser interpretados por un médico, quien los analiza junto con el resto de la valoración clínica para obtener una visión completa del estado del paciente.

Herramientas de diagnóstico por imagen

Los estudios de imagen permiten observar con detalle las estructuras del cerebro, la médula espinal o los músculos, y son fundamentales para complementar la evaluación clínica.

Tomografía computarizada (TC): útil para obtener una imagen rápida del cerebro o los huesos del cráneo, sobre todo cuando no se puede realizar una resonancia. 

Resonancia magnética (RM): ofrece imágenes precisas del cerebro y la médula espinal. Ayuda a detectar lesiones como un infarto o una embolia, inflamación o alteraciones en las zonas que controlan el movimiento.

Ultrasonido de articulaciones: permite observar las articulaciones o los músculos en movimiento, evaluando su grosor y contracción en tiempo real.

Cada estudio tiene un propósito distinto y se solicita según las necesidades de cada caso. Ninguno reemplaza la valoración médica, todos son herramientas que aportan información adicional para comprender mejor el origen del trastorno.

Estudios funcionales y neurofisiológicos

Además de las imágenes, existen pruebas que analizan cómo funciona la comunicación entre los nervios y los músculos.

Una de las más utilizadas es la electromiografía (EMG), que mide la actividad eléctrica de los músculos cuando están en reposo o en movimiento. Esto permite identificar si el problema se origina en el nervio, en el músculo o en la conexión entre ambos.

Otra prueba importante son los potenciales evocados, que registran la respuesta del sistema nervioso ante estímulos visuales, auditivos o eléctricos. Estas mediciones ayudan a detectar interrupciones o lentitud en la transmisión de las señales nerviosas. De acuerdo con la revisión realizada por Sarah C. Lidstone (2025) en el tema Functional movement disorders, publicado en UpToDate, los estudios de imagen y las pruebas neurofisiológicas pueden complementar la evaluación clínica.

Importancia del seguimiento médico en el diagnóstico integral

Una vez que se han realizado los estudios, los resultados deben ser revisados e interpretados por un médico especialista, como un neurólogo o internista. Cada persona es diferente, por lo que los hallazgos no se analizan de manera general, sino considerando la historia clínica, los síntomas observados y la evolución del paciente.

El seguimiento médico permite comparar los resultados de los estudios con los cambios que se presentan a lo largo del tiempo. De esta forma, el especialista puede confirmar o descartar posibles causas y, si es necesario, decidir qué evaluaciones adicionales podrían ser útiles para entender mejor el cuadro clínico.

Además, en muchos casos se requiere la participación de varios profesionales de la salud, como médicos de rehabilitación, fisioterapeutas y neurólogos. Este trabajo en conjunto ayuda a tener una visión más completa del estado del paciente. La colaboración entre distintas especialidades es esencial para comprender con mayor precisión las causas y consecuencias de los trastornos motores, sin que ello implique iniciar tratamientos de inmediato. 

Comprender para cuidar mejor

La evaluación de los trastornos motores es un proceso cuidadoso que combina observación médica, estudios de laboratorio, pruebas de imagen y análisis funcionales. Cada herramienta aporta una pieza importante del panorama general, y juntas permiten entender mejor cómo se ve afectado el control del movimiento en cada persona.

Por eso, la interpretación de los resultados debe quedar siempre en manos de profesionales especializados. El seguimiento médico continuo y la colaboración entre diferentes disciplinas permiten alcanzar diagnósticos más precisos y brindar una atención más completa, sustentada en la evidencia científica y en el compromiso con el bienestar del paciente.

 

Por: Dra. Gema Nandaí Nájera Valdez

          Ced. Prof. 13591084

          Escuela Superior de Medicina, I.P.N.

Revisado/Modificado: diciembre 2025

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